Oscar Mosteirin estaba a pocas cuadras de Arroyo al 900. En plena sesión de fotos notó un hongo de humo que se levantaba sobre los edificios de la Ciudad. Siguió esa humareda y al llegar al lugar se encontró con una zona de guerra: escombros, gritos, polvo, derrumbes de pedazos de la Embajada de Israel en Argentina. Con su cámara tomó varias fotos para el medio en el que trabajaba. Pero hubo una que le llamó la atención.
“En una se ve un religioso que sale tranquilamente”, cuenta 25 años después.
Ése hombre de frondosa barba encanecida, sombrero de gruesa ala, saco y corbata es Iser Kirszenberg, sobreviviente del atentado que dejó 22 muertos y 300 heridos el 17 de marzo de 1992. Iser logró salir por una ventana y escapar de la muerte. “Era el único lugar por donde se podía”, relata.
El documental “Ataque a la Embajada”, que se estrena por la pantalla de History Channel el viernes a las 22 y con una repetición el sábado a las 19, narra el trágico suceso en la sede israelita, basado en testimonios de sobrevivientes que fueron fotografiados y otorgan su punto de vista del atentado desde adentro y afuera.
A la vez, se respalda en periodistas (Horacio Lutzky, Román Lejtman y Joe Goldmanque) que investigan hace más de dos décadas el caso que ingresó en un laberinto de pistas, conexiones políticas y pocas certezas pero con el brazo de la Yihab Islámica como autor señalado y un coche bomba que detonó para destrozar vidas.
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