Los Enamorados o quienes ansían serlo tendrán la chance de celebrar su día. Desde aquí, queremos celebrarlo con un fragmento del texto del relator deportivo cordobés Osvaldo Wehbe, dedicado a su mujer en "100 veces Wehbe". A disfrutarlo, en tono futbolero.

El origen de esta fecha se remonta a la época de los romanos, aunque fue en el siglo XX que se “comercializó” como una tradición milenaria.

Aquí el texto prometido: “Te vengo a contar mi amor y a pedirte disculpas. Que yo te quería lo sabías, pero te tuviste que aguantar que en los recreos te diera un beso a hurtadillas y me fuera a patear con los chicos. Que cuando tocara el timbre para entrar en la hora, ya estuviera todo transpirado y me metiese en el baño, rápido para lavar las culpas y las manchas, cosa que la señorita no diga ni ‘mu’.

Me mandabas un dibujo de una flor y yo, muy bestia, te contestaba con una mirada cómplice, algún guiño, pero seguía jugando a la batalla naval o al ahorcado con el Lucho.

Y a la salida te quedabas esperando un buen rato para que camináramos hasta el colectivo. Perdíamos el de la una menos cuarto, solo porque había una de piñas o venían los del otro colegio a formalizar un duelo futbolero a la tarde, o a cambiar figuritas.

Y yo te hacía llevar en la última hoja del cuaderno la lista del 1 al 320 y le hacíamos un círculo a la figurita que ya teníamos.

Vos, mi amor, usabas la birome roja para que quedara claro cuántas nos faltaban para llenar el álbum. Para colmo, el premio era una número cinco marca Campeonato Especial color marrón que había que engrasar con grasa de vaca que le sobraba a mi vieja de las costeletas. Y hasta en eso me ayudabas.

Te das cuenta que apenas teníamos once años. Vos con Los Beatles en el tocadiscos, con el romance de Roberto Carlos y Lito Nebbia que nos emocionaba. Y mientras, debajo de la planta de nísperos del fondo de casa, yo escribía la fecha del domingo en un cuaderno para anotar los resultados y llevar una estadística, en un incipiente periodismo de la adolescencia. Y vos siempre allí. Si hasta sabiendo que te correspondía en el amor, pero no a pleno como merecías. Por el fútbol y la barra, nada más y nada menos. Y casi te pierdo. Por todo eso. Cuando el rubio de sexto, campeón provincial de tenis, te arrimó el barco para llevarte para su corazón.

Y vos en lugar de irte con él a ese desfile de modas medio cheto para la época en el club de Golf, ofreciste acompañarme a pescar mojarras en el arroyo que venía crecido, cuando te enteraste que el Rodolfo no podía venir ya que tenía la mamá enferma.

Y en el secundario, petiza, te sentabas adelante y me dictabas todo, aún en los tiempos en que anduvimos peleados porque vos decías que te habían dicho, que me habían visto chapando con la Esther en el boliche, el viernes.

Y no era cierto, porque yo te respeté siempre, solo que tus amigas no me podían ni ver. Decían que era mersa, que andaba con la camiseta de fútbol todo el día. Y con la radio y te metían púa. Y los domingos. ¡Lo que te enojabas los domingos! Ibamos sí o sí al cine. Recuerdo peliculones: Bullit, Las Sandalias del Pescador, Bonnie and Clyde. Daban dos, ¿te acordás?...Son casi cuarenta años.

Desde que me iba a patear en los recreos de la primaria. Pero vos sabías que volvía al rato. Y yo sabía que estabas. Apenas una historia más de enamorados. Que existieron siempre. Más allá de San Valentin, que si me apurás, te digo era un nueve que jugaba en Boca”.

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