Como si hiciera falta, cada cinco frases, ella repite que no milita para ningún partido. Que sólo trabajaba, que ni siquiera se tomó vacaciones "para que vean que quiero trabajar".
Desde hace 7 años, esta mujer entraba todos los días a las 7 de la mañana a Casa Rosada, para hacer sus tareas en Mantenimiento y Funcionamiento, que depende de Secretaría General. Este viernes –justo el último día hábil de enero- no la dejaron a entrar. A ella y a cerca de 100 empleados –muchos de ellos con 20 años de antigüedad- les notificaron –sin previo aviso- que quedaban despedidos.
En conversación con Radio La Red, la mujer –que no dio su nombre- se desarmó de bronca y tristeza: "Uno no se merece que no te dejen entrar, no te den ninguna explicación... ¿qué soy? ¿un chorro?".
Ella es una de las que estuvo en el brindis de fin de año que el flamante presidente Mauricio Macri organizó para los empleados de Casa Rosada. "Yo lo escuché al Presidente decir 'no tengan miedo, el que trabaja va a quedar... y hoy a la mañana nos dijeron que no podíamos entrar", dice.
"No es concebible, yo trabajo, tengo un hijo con discapacidad, quisiera que alguien de los funcionarios me explique algo", grita, al aire del éter.
"A mí nadie me regala nada. Gano entre 10 mil y 12 mil pesos, depende de las horas extras", detalló y contó que, además, vende "cositas de plata", para llegar a fin de mes, porque –recuerda- "tengo un hijo discapacitado".
Casi al final de la charla, no puede evitar el quiebre en la voz: "Me gustaría preguntarle al presidente Macri cómo vamos a pagar la luz y nuestros impuestos si nos dejan sin trabajo".
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