Romina Atencio es coach y mentora de mujeres y parejas. Para cualquier consulta, comunicarse al correo electrónico [email protected]. Instagram: @diosalmica. YouTube: @rominaatenciocoaching.

Vivimos en una época donde todo es rápido. Comemos rápido, respiramos rápido, hablamos rápido, sentimos rápido... y muchas veces sin darnos cuenta, también nos desconectamos rápido de nosotros mismos.

El cuerpo, que es nuestra primera casa, suele quedar en último lugar. Lo exigimos, lo apuramos, lo llenamos de obligaciones, pero pocas veces lo escuchamos. Sin embargo, el cuerpo no es sólo carne y hueso. Es el lugar donde habita nuestra conciencia. Es el espacio donde se manifiestan nuestras emociones, nuestros pensamientos y nuestra historia.

Por eso, desde tiempos antiguos, muchas culturas han dicho que el cuerpo es el templo del alma. No como una frase bonita, sino como una verdad profunda: si el cuerpo está descuidado, la vida interior también se resiente. Cuidar el cuerpo no es un lujo. Es una forma de respeto por la vida.

La conexión entre lo que comemos y lo que sentimos

Todos sabemos que la comida nos da energía. Pero pocas veces pensamos que también influye en nuestro ánimo, en nuestra claridad mental y en nuestra forma de vivir. Cuando comemos apurados, sin prestar atención, cuando elegimos alimentos solo por costumbre o por ansiedad, nuestro cuerpo recibe ese mensaje: no hay tiempo para cuidarte.

En cambio, cuando elegimos alimentos más naturales, más simples, más reales, estamos diciendo algo distinto: me importo. No se trata de dietas estrictas ni de prohibiciones. Se trata de conciencia. Un plato de comida puede ser sólo comida... o puede ser un acto de amor propio.

Cuando comemos mejor:

  • Dormimos mejor.
  • Pensamos con más claridad.
  • Tenemos más energía.
  • Nuestro cuerpo se siente menos pesado.

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Y cuando el cuerpo se siente mejor, también se siente mejor el corazón. Muchas personas descubren que al cambiar su alimentación cambian también sus emociones. Se sienten más tranquilas, más presentes, más livianas por dentro. No es magia: es conexión.

El cuerpo y la mente no están separados. Lo que entra por la boca llega también a la emoción.

Respirar: el gesto más simple que olvidamos

Respirar es lo primero que hacemos al nacer y lo último que hacemos al partir. Sin embargo, es lo que menos conciencia tiene en nuestra vida diaria.

Respiramos corto. Respiramos rápido. Respiramos sin sentir. Y cuando respiramos así, vivimos así: apurados, tensos, preocupados.

La respiración es un puente entre el cuerpo y la calma. Cuando respiramos profundo, el corazón se aquieta. La mente se ordena. El cuerpo descansa. No hace falta saber meditar. Sólo hace falta detenerse un momento y respirar lento.

Tres respiraciones profundas pueden cambiar un día entero. Respirar bien es una medicina gratuita que todos tenemos al alcance. Es un recordatorio de que estamos vivos. De que estamos acá. De que podemos empezar de nuevo en cualquier momento.

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Cuando respiramos profundo, afirma la autora, la mente se ordena y el cuerpo descansa.

Cuando respiramos profundo, afirma la autora, la mente se ordena y el cuerpo descansa.

Los hábitos: pequeñas decisiones que construyen nuestra vida

No vivimos sólo de grandes momentos. Vivimos de lo que repetimos todos los días. Lo que comemos. Cómo dormimos. Cuánto nos movemos. Cómo nos hablamos. Cómo tratamos a nuestro cuerpo. Los hábitos son como semillas.

Si sembramos cuidado, cosechamos bienestar. Si sembramos abandono, cosechamos cansancio. A veces creemos que para cambiar la vida hay que hacer cosas enormes. Pero muchas veces el verdadero cambio empieza por cosas pequeñas:

  • Tomar más agua.
  • Dormir un poco mejor.
  • Caminar unos minutos.
  • Respirar consciente.
  • Comer con más calma.

Estos gestos simples tienen un impacto profundo. No porque sean mágicos, sino porque nos devuelven a nosotros mismos.

El cuerpo habla cuando no lo escuchamos

El cuerpo es sabio. Nos avisa cuando algo no está bien. A través del cansancio. Del dolor. De la ansiedad. Del insomnio. De la falta de energía. No lo hace para castigarnos, sino para protegernos.

Muchas veces tapamos esas señales con apuro, con pastillas, con distracciones. Pero el mensaje sigue ahí: necesitamos parar, mirar hacia adentro, cambiar algo. Escuchar el cuerpo es una forma de escucharnos por dentro. No todo dolor es sólo físico.

Muchas tensiones guardan emociones no dichas, preocupaciones acumuladas, miedos no expresados. Por eso, cuidar el cuerpo también es cuidar lo emocional.

El cuerpo como casa del alma

Cuando decimos que el cuerpo es templo del alma, no hablamos de algo místico o lejano. Hablamos de algo muy humano. El alma se expresa cuando estamos tranquilos. Cuando estamos en paz. Cuando nos sentimos bien con nosotros mismos.

Un cuerpo cansado no puede sostener una mente clara. Un cuerpo descuidado no puede sostener una vida plena. No podemos separar lo espiritual de lo cotidiano.

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Lo espiritual está en cómo vivimos cada día. En cómo comemos. En cómo respiramos. En cómo caminamos. En cómo descansamos. La espiritualidad no está solo en rezar o meditar. Está en la manera en que nos tratamos.

Volver a lo simple

Tal vez hoy no necesitamos aprender cosas nuevas. Tal vez necesitamos recordar lo que ya sabíamos. Comer más natural. Mover el cuerpo. Dormir mejor. Respirar profundo. Escuchar lo que sentimos.

La vida se vuelve más clara cuando volvemos a lo esencial. No se trata de ser perfectos. Se trata de ser conscientes. Cada pequeño cambio es un acto de amor. Cada decisión amable es una forma de respeto.

Una invitación

Esta nota no busca dar órdenes ni decir qué está bien o mal. Sólo invita a mirar el cuerpo con otros ojos. No como un problema. No como un enemigo, sino como un compañero de camino.

Nuestro cuerpo nos acompaña desde que nacemos hasta que partimos. Nos sostiene, nos mueve, nos permite amar, trabajar, abrazar, soñar. Tal vez hoy sea un buen día para agradecerle. Para escucharlo un poco más. Para cuidarlo un poco mejor. Porque cuando cuidamos el cuerpo, algo dentro nuestro se ordena. Y cuando algo dentro nuestro se ordena, la vida se vuelve más amable.

El cuerpo es el lugar donde la vida sucede. El alma es lo que le da sentido. Y ambos necesitan ser cuidados con la misma atención.

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