La Argentina podría perder US$ 350 millones al año por las exportaciones de biodiésel. Bruselas clasificó a la soja como cultivo de “alto riesgo ambiental”.
La industria del biodiésel argentino encendió todas las alarmas tras la publicación de un documento de la Comisión Europea que modifica los criterios vinculados al riesgo de ILUC (cambio indirecto del uso del suelo) y ubica por primera vez a la soja dentro de la categoría de “alto riesgo ambiental”, al mismo nivel que el aceite de palma.
De avanzar esta decisión durante 2026, la Unión Europea dejaría de importar biodiésel elaborado a partir de soja o aceite de soja, habilitando únicamente el uso de aceite de colza producido dentro del propio bloque.
El impacto para la Argentina sería inmediato: todas las exportaciones de biodiésel de soja quedarían fuera del mercado europeo -el único destino relevante para este producto., con un daño comercial estimado en USD 350 millones anuales y el riesgo concreto de cierre de plantas industriales.
Desde la Cámara Argentina de Aceites (CIARA) calificaron la medida como una barrera comercial encubierta. “La decisión europea es desde todo punto de vista injustificada. El concepto de cambio indirecto del uso del suelo es un invento para eliminar competencia a las fábricas europeas de biodiésel y dejarnos afuera del único mercado”, sostuvo su presidente, Gustavo Idígoras.
El directivo aseguró que el sector presentará información técnica para refutar los argumentos ambientales de Bruselas. “Vamos a demostrar que la superficie sembrada de soja en la Argentina no crece; de hecho, viene bajando desde hace más de una década. Tampoco se pierde reserva de carbono en el suelo. Pero todos sabemos que esto no es un debate científico sino político”, afirmó.
Según CIARA, la decisión responde a presiones internas dentro de la Unión Europea y a la necesidad de compensar a los países que rechazan el acuerdo Mercosur–UE. “Europa quiere proteger a sus productores y entonces cierra el mercado para productos competitivos de la Argentina”, señaló Idígoras, quien confirmó que ya hay conversaciones con Cancillería y el Ministerio de Economía para definir una estrategia de defensa “agresiva”.
El conflicto podría escalar a instancias multilaterales. Entre las alternativas que analiza el sector figura la presentación de un panel ante la Organización Mundial del Comercio (OMC) y una denuncia formal en el marco del acuerdo birregional firmado en diciembre pasado.
La decisión sobre el biodiésel se suma a una serie de movimientos de Bruselas que enfriaron el entusiasmo inicial del agro argentino por el entendimiento con Europa. Si bien el capítulo agrícola es uno de los más relevantes para el Mercosur -por el acceso a un mercado de 450 millones de consumidores-, también es el que genera mayor resistencia en países como Francia e Italia, que buscan proteger sus propios sectores productivos.
Con ese objetivo, la UE reforzó de manera unilateral cláusulas de salvaguarda que le permiten congelar beneficios arancelarios ante un aumento de importaciones o precios demasiado competitivos. En la lista de productos sensibles figuran, además del biodiésel, las carnes bovina, porcina y aviar, lácteos, maíz, arroz, azúcar, miel, cítricos y etanol.
Para la agroindustria local, el giro europeo no sólo amenaza exportaciones sino que pone en duda la viabilidad del acuerdo comercial. “Es una forma clara de condicionar y vaciar el tratado. Europa se está equivocando seriamente, porque está poniendo en riesgo la seguridad alimentaria del continente para las próximas décadas”, advirtió Idígoras.