
En países nórdicos aumenta la venta de dumbphones como el Nokia 3310 original. Familias buscan limitar redes y reducir el tiempo de pantalla en menores.
Los celulares inteligentes cambiaron la vida cotidiana desde fines de la década del 2000, cuando modelos como el primer iPhone popularizaron el acceso permanente a internet y aplicaciones, como redes sociales, mensajería y entretenimiento, las cuales quedaron al alcance de la mano.
Sin embargo, casi dos décadas después, algunas familias empiezan a tomar distancia de esa conectividad constante, sobre todo cuando se trata de chicos y adolescentes.
La decisión no apunta a rechazar la tecnología, sino a limitarla. En distintos hogares se reemplazan los smartphones por teléfonos básicos, conocidos como dumbphones, que solo permiten llamadas y mensajes de texto. Modelos como el Nokia 3310 original o el Motorola C115 reaparecen como primer dispositivo para menores, con el objetivo de evitar una exposición temprana a redes sociales y contenidos digitales sin supervisión.
Identificar qué actividades digitales consumen más tiempo, especialmente las redes sociales, es el primer paso para reducir el uso excesivo de pantallas.
Detrás de esta elección hay una preocupación concreta por el tiempo de pantalla, la distracción permanente y el acceso a entornos digitales donde circulan desinformación, agresiones anónimas y comparaciones constantes que pueden afectar la autoestima.
En Noruega, Finlandia, Suecia y Dinamarca se registra un crecimiento en la venta de teléfonos sin internet, según informes europeos citados en medios especializados. Allí, el debate sobre el uso de smartphones en menores también llegó a las escuelas y a las políticas públicas. El fenómeno no se presenta como moda retro, sino como medida preventiva vinculada a la educación y al bienestar.
El planteo es simple: si el dispositivo no tiene acceso a redes, se reduce de raíz la exposición a contenidos potencialmente nocivos y se limita el tiempo frente a la pantalla.
En paralelo se esta produciendo el detox digital, entendido como una reducción consciente del uso de pantallas para recuperar equilibrio. No implica eliminar la tecnología, sino establecer límites claros. Especialistas en bienestar señalan que el exceso de conexión puede generar agotamiento mental, sedentarismo y dificultades para concentrarse.
El objetivo no es regresar a los viejos hábitos, sino integrar lo que has aprendido durante el detox en tu vida cotidiana para lograr un equilibrio saludable.
Las recomendaciones suelen ser graduales: fijar horarios para revisar redes, evitar el celular en la habitación, planificar actividades al aire libre y, en algunos casos, establecer días sin pantallas. El objetivo es integrar la tecnología de manera equilibrada, sin que ocupe todo el tiempo disponible.
Así, el regreso de los viejos Nokia no parece responder a la nostalgia, sino a una discusión más amplia sobre cómo, cuándo y para qué se usan los dispositivos móviles.