Dos personas se conocen y por motivos que aún la ciencia no puede explicar, se sienten atraídas e inician una relación que, como pasa en general, en sus comienzos todo es vino y rosas, pero no siempre es así, pero nadie es capaz de decir cuándo va a aparecer el amor o el desamor.
Algunas personas aseguran que irremediablemente, al enamorarse van directo al sufrimiento, pues son de aquellos que piensan que "el amor produce dolor" porque ciega la razón, dice la psicoanalista Karla Guerrero Lizarraga.

Pero otras personas opinan todo lo contrario: Dicen que el amor es la chispa de la vida, que es la esencia de la alegría, de la esperanza, del optimismo, de la voluntad, y por supuesto de la felicidad.

La verdad de todo esto es que cada una de estas dos opiniones posee su propia razón. Sin embargo ambas desconocen el origen real de las sensaciones, de las percepciones, de la atención y la memoria humana, y también de eso que llamamos "enamoramiento", ¿o sí lo saben?, a ver... Vayamos por favor a la parte medular de este asunto.

En primer lugar, coloquémonos en un estado anímico desde donde podamos ver a nuestro mundo, como un abanico de infinitas posibilidades. No limitarnos a ver todo aquello que "parece ser real", sino atrevernos a ir más allá de todo lo que para nosotros parece ser tan real, para subir a otro estrato mental, y aprender a mirar hacia todo lo que puede llegar a ser posible, e incluso, hasta llegar a acariciar la esperanza de que obre en nosotros la magia de la fe, ¿por qué no?

Científicamente está demostrado que el cerebro humano está dividido en departamentos, cuadros o partes importantes que cumplen sabiamente cada una su función. Cada área se encarga de producir sustancias químicas llamadas "péptidos", que son las estructuras de toda proteína y aminoácidos termoeléctricos enlazados, en las redes neuronales, formando tormentas eléctricas sinápticas en el cerebro, al generar las emociones y las adicciones. Hay sustancias que producen risa, otras que producen odio, rencor, curiosidad, tristeza, o alegría, ganas de bailar, de brincar, de cantar, y hasta de tener sexo. Pero hay sustancias que hacen ver o creer lo que no es, de allí que nacen las tantas apariencias que confunden los pensamientos y enredan los sentimientos.

A no pocas mujeres les ocurrió que han confundido el amor con la pasión y también les pasa a los hombres, que llevados por una emoción pasajera, creen estar enamorados de dos o más mujeres al mismo tiempo, cuando lo único que está sucediendo en su organismo, es que su sistema hormonal adictivo les pide más sexo, y una vez que ha pasado el "arrebato de la calentura", se les acabó "el amor".

Esa suele ser la razón del por qué a veces las parejas se casan creyendo estar "muy enamoradas" y al poco tiempo ya están peleando, ya están agrediéndose, odiándose y separándose. Pero si la gente supiera cómo funcionan los complejos mecanismos de su cerebro, también sabría el porqué se toman las decisiones... Sean éstas buenas o malas, a nadie le gusta tomar decisiones malas.

Pero reflexionar en todo esto es lo importante: ¿cómo aceptamos o negamos la realidad que vemos y de lo que tenemos: salud, dinero, amor, y cómo lo afectamos o lo beneficiamos? ¿Qué disponibilidad tiene mi mente para confiar en la intangibilidad? ¿Cuáles son los resultados de mi creación, ahora que sé que las emociones son sólo sustancias químicas neuronales producidas por el cerebro, y que hay una sustancia química para cada emoción? Porque lo grandioso no es saber qué se tiene en mente, sino descubrir qué cosas se puede hacer con la mente, para despertar conciencia hacia las cosas que te rodean y puedas tener otra visión de tu entorno y una nueva perspectiva de vida.

"Pero en cuestiones del corazón yo personalmente -apunta la licenciada Guerrero Lizarraga- creo mucho en la influencia de Dios, y como estoy segura que Dios es más grande que la más grande debilidad humana y que siempre se puede cambiar, reparar el error, pero no para aceptar o rechazar sino para asumirlo como una verdad y una responsabilidad muy personal.

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