Romina Atencio es coach y mentora de mujeres y parejas. Para cualquier consulta, comunicarse al correo electrónico [email protected]. Instagram: @diosalmica. YouTube: @rominaatenciocoaching.

El sábado pasado hablamos del Ikigai. Hoy quiero profundizar en las dos primeras áreas de este método: lo que amás y en lo que eres bueno. Porque aunque parezcan las áreas más fáciles de responder, muchas veces son justamente las más difíciles.

Vivimos tan desconectados de nosotros mismos, tan acostumbrados a hacer lo que “hay que hacer”, a ocuparnos de todo y de todos, que dejamos de preguntarnos qué nos gusta, qué nos enciende, qué nos entusiasma y qué nos sale naturalmente bien. Y cuando dejamos de hacernos esas preguntas, empezamos a vivir una vida que puede funcionar perfectamente por fuera, pero sentirse vacía por dentro.

Muchas personas creen que no tienen talentos especiales. O sienten que no aman nada “lo suficiente” como para convertirlo en un propósito. Pero la realidad es que todos tenemos algo que nos apasiona, algo que hacemos con facilidad, algo que nos conecta con una sensación de disfrute, de expansión y de verdad.

El problema es que muchas veces está escondido debajo del cansancio, las exigencias, los mandatos y las responsabilidades. Por eso hoy quiero invitarte a mirar hacia adentro. No para encontrar una respuesta perfecta. No para decidir de inmediato qué vas a hacer con tu vida, sino simplemente para volver a escucharte.

La primera gran área del Ikigai es: lo que amás. Y cuando hablamos de “lo que amás”, no hablamos solamente de grandes pasiones. No hace falta que tengas un hobby extraordinario, ni una vocación evidente desde la infancia. Muchas veces, aquello que amás está en cosas muy simples.

Tal vez amás tomar mate en silencio. Tal vez amás conversar profundamente con alguien. Tal vez amás caminar, leer, escribir, decorar, ordenar, cocinar, ayudar, escuchar música, viajar, sacar fotos, cuidar plantas, hacer ejercicio, mirar series, aprender cosas nuevas o pasar tiempo en la naturaleza.

El primer error que solemos cometer es pensar que eso no tiene importancia. Como si sólo mereciera ser tenido en cuenta aquello que genera dinero o reconocimiento. Pero justamente ahí está la trampa: muchas veces nuestro propósito está escondido en esas pequeñas cosas que hacemos naturalmente y que nos hacen sentir bien.

Por eso el primer ejercicio que quiero proponerte es muy simple. Haz una lista de todo lo que amás. Y cuando digo todo, es absolutamente todo. No filtres. No pienses si tiene sentido o no. No te preguntes si “sirve”. No intentes que quede lindo ni coherente. Escribe todo aquello que te gusta, disfrutas o te hace sentir vivo.

ikigaiatencio4

Podés empezar con preguntas como:

  • ¿Qué cosas disfruto hacer cuando tengo tiempo libre?
  • ¿Qué actividades me hacen perder la noción del tiempo?
  • ¿Qué temas me gusta leer, mirar o escuchar?
  • ¿Qué me hace sentir paz?
  • ¿Qué me genera entusiasmo?
  • ¿Qué cosas me gustaban de niño o niña?
  • ¿Qué haría aunque no me pagaran por hacerlo?
  • ¿Qué momentos de mi vida recuerdo con más alegría?
  • ¿Qué me gusta tanto que podría hablar durante horas?

La clave de este ejercicio es no censurarte. A veces creemos que lo que amamos tiene que ser “útil”, y no siempre es así.

Quizás amás organizar placares. Quizás amás mirar casas. Quizás amás las velas, la astrología, la ropa, el maquillaje, las plantas, los animales, la espiritualidad, los perfumes, los libros, la decoración o la alimentación saludable. Todo eso vale. Todo eso habla de vos. Y cuanto más larga sea la lista, mejor.

Incluso te diría que la hagas durante varios días. Porque hay respuestas que aparecen rápido, pero hay otras que necesitan más silencio y más tiempo.

Otro ejercicio muy poderoso para descubrir lo que amás es mirar tu vida cotidiana. Muchas veces no necesitamos inventar nada nuevo, sino prestar atención a lo que ya hacemos espontáneamente.

Preguntate:

  • ¿En qué gasto dinero sin sentir culpa?
  • ¿Qué contenido consumo en redes sociales?
  • ¿Qué tipo de cuentas sigo?
  • ¿Qué temas busco en YouTube, Spotify o Pinterest?
  • ¿Qué hago cuando tengo una tarde libre?
  • ¿Qué tipo de conversaciones me gustan?
  • ¿Qué temas aparecen siempre en mi vida?

Porque la verdad es que dejamos pistas por todos lados. A veces creemos que no sabemos qué nos gusta, pero basta con mirar cómo usamos nuestro tiempo, en qué pensamos, qué guardamos, qué compramos, qué admiramos o qué soñamos para empezar a descubrirlo.

También podés hacer un ejercicio hermoso: escribir una lista de momentos en los que te sentiste realmente feliz. No hablo de felicidad superficial. Hablo de esos momentos en los que sentiste plenitud. Tal vez fue un viaje. Una charla. Un proyecto. Una actividad. Un encuentro. Un trabajo. Una experiencia con tus hijos. Un momento de conexión espiritual. Una clase. Un taller. Una caminata. Un libro.

  • ¿Qué tenían en común esos momentos?
  • ¿Qué estabas haciendo?
  • ¿Cómo te sentías?

Muchas veces, en esos recuerdos, hay pistas muy importantes sobre aquello que amas de verdad.

La segunda gran área del Ikigai tiene que ver con en lo que eres bueno. Y esta parte suele ser todavía más difícil. Porque estamos muy acostumbrados a mirar lo que nos falta, lo que no hacemos bien, lo que no sabemos, lo que no logramos. Nos cuesta muchísimo reconocer nuestros talentos.

A veces porque nos enseñaron que hacerlo era “creerse demasiado”. A veces porque pensamos que si algo nos sale fácil, entonces no tiene valor. Y a veces porque simplemente estamos tan acostumbrados a ser como somos, que no vemos aquello que nos diferencia.

Pero todos tenemos talentos. Todos. Y no siempre tienen que ver con habilidades académicas o profesionales.

Podés ser bueno escuchando, conteniendo, enseñando, vendiendo, escribiendo, decorando, cocinando, liderando, organizando, mediando, cuidando, creando, comunicando o motivando. Podés ser bueno resolviendo problemas, detectando detalles, acompañando procesos, generando confianza o viendo posibilidades donde otros no las ven.

Por eso, el primer ejercicio para descubrir tus talentos es hacer una lista de todas las cosas que sentís que hacés bien. No importa si son pequeñas. No importa si parecen obvias. Escribe todo.

Y si te cuesta mucho hacerlo, pensá en situaciones concretas.

  • ¿Qué me piden los demás?
  • ¿Para qué suelen buscarme?
  • ¿Qué cosas me salen fáciles y a otros les cuestan?
  • ¿Qué tipo de ayuda doy naturalmente?
  • ¿Qué hacía bien de niño o niña?
  • ¿Qué actividades me hacen sentir seguro o segura?
  • ¿Qué cosas he aprendido a hacer muy bien con el tiempo?
  • ¿Qué aspectos de mi personalidad suelen valorar los demás?

Romina Atencio

M R Romina Atencio.jpg

Porque muchas veces nuestros talentos no aparecen en un currículum. A veces tu gran talento es hacer sentir bien a otros. Escuchar sin juzgar. Detectar lo que alguien necesita. Ordenar el caos. Calmar. Inspirar. Resolver. Sostener. Y eso también tiene muchísimo valor.

Otro ejercicio muy útil es pedir feedback. Preguntarles a personas de confianza:

  • ¿Qué creés que hago bien?
  • ¿Qué valorás de mí?
  • ¿Qué creés que me sale natural?
  • ¿En qué pensás cuando pensás en mí?
  • ¿Qué sentís que aporto a los demás?

Muchas veces los otros pueden ver en nosotros talentos que nosotros minimizamos o no reconocemos. Y escuchar eso puede ser muy revelador.

También es importante diferenciar entre aquello que hacés bien porque te obligaste a aprenderlo y aquello que hacés bien porque realmente tienes facilidad. Porque hay personas que son excelentes resolviendo problemas, pero eso no significa que amen vivir apagando incendios. Hay personas muy buenas organizando la vida de todos, pero quizás lo hacen porque no tuvieron opción.

Por eso, cuando hagas esta lista, intentá detectar qué habilidades te generan energía y cuáles te drenan. Porque tu Ikigai no aparece solamente donde eres bueno. Aparece donde se cruzan lo que amás y lo que hacés bien. Y ahí está la magia.

  • Quizás amás escuchar y además eres bueno acompañando emocionalmente.
  • Quizás amás cocinar y además eres bueno enseñando.
  • Quizás amás escribir y además eres bueno comunicando.
  • Quizás amás decorar y además eres bueno detectando detalles.

Cuando empezás a cruzar ambas áreas, comienzan a aparecer patrones. Y esos patrones son pistas. No respuestas definitivas.

No verdades absolutas. Pero sí señales. Por eso te recomiendo que, después de hacer ambas listas, te tomés un rato para leerlas y observarlas.

  • Buscá palabras que se repiten.
  • Buscá temas comunes.
  • Buscá aquello que aparece una y otra vez.

Tal vez descubras que amás acompañar personas, que eres bueno escuchando y que eso está más presente en tu vida de lo que imaginabas. Tal vez descubras que amás crear belleza, que tienes sensibilidad estética y que eso puede ser parte importante de tu propósito. O tal vez descubras algo completamente inesperado.

Lo importante no es encontrar “la respuesta correcta”. Lo importante es empezar a abrir espacio para escucharte.

Porque muchas veces sabemos perfectamente quiénes somos y qué queremos, pero hace tanto tiempo que estamos ocupados sobreviviendo, que dejamos de oír nuestra propia voz. Y volver a escucharla puede cambiarlo todo.

El próximo sábado vamos a profundizar en las otras dos áreas del Ikigai: lo que el mundo necesita y por lo que podrían pagarte.

Porque cuando logramos unir lo que amamos, aquello en lo que somos buenos, lo que sentimos que hace falta y aquello que puede sostenernos económicamente, empezamos a acercarnos cada vez más a una vida con sentido.

Aparecen en esta nota:

Contacto

Registro ISSN - Propiedad Intelectual: Nº: RL-2025-11499155-APN-DNDA#MJ - Domicilio Legal: Intendente Beguiristain 146 - Sarandí (1872) - Buenos Aires - Argentina Teléfono/Fax: (+5411) 4204-3161/9513 - [email protected]

Edición Nro. 15739

 

Dirección

Propietario: Man Press S.A. - Director: Francisco Nicolás Fascetto © 2017 Copyright Diario Popular - Todos los derechos reservados