La temperatura llegó a los 30 grados, y aunque hubo algunas nubes, el aire cálido hizo que nadie se quedara sin meterse al agua. A cien metros de la orilla se hacía pie y había olas enormes.

Fue un día magnífico. Tal vez no puedan aportarse como pruebas de esta afirmación las fotografías e imágenes que hayan circulado para graficar el colorido día de verano en las costas argentinas, si es que tenemos en cuenta el aspecto que mostró el cielo durante buena parte de la jornada. Es que extensas capas de nubes recorrieron el cielo –sobre todo después de la mañana- por lo que, lo que se veía, era muy diferente con lo que sentía.

Un viento cálido soplando de madera moderada desde el norte y una temperatura que llegó a los 28 grados pero que, por momentos se hizo bastante sofocante, le dieron al corazón de este último fin de semana de la quincena inicial, un marco  sensacional al día que convocó a grandes y chicos a disfrutar de la playa.

"Está bravo el sol", dijo Martín de Remedios de Escalada, feliz por haber ganado "el primer premio en un sorteo en los treinta años que llevo vacacionando en Punta Mogotes". Con su cubilete, sus dados y el mazo de cartas de un reconocido banco, más una sonrisa de oreja a oreja celebrando su suerte, fue en busca del resto de la banda para estrenar las barajas en una partida de truco: "invitá al de la carpa de al lado –le dijo a Carlos- que hace dos horas que está durmiendo y tiene cara de que juega a todo".

La renovación de la quincena, con una marcada afluencia de público, incluyó, además del marco, más publicidad aérea (con las avionetas que se animaron a salir a hacer su recorrido costero con todo tipo de avisos), y también de muchas promociones especiales, como las que le permitierona Martín prometer "esta noche voy al casino", por haber ganado un cubilete con dados. Rosamonte estableció un stand en el Balneario Doce, con la brillante idea de repartir yerba entre la gente, algo que más de uno agradeció de muy buen agrado, al advertir que se habían quedado sin el vital elemento para pasar la tarde.

Además, la provincia de Santiago del Estero ofrece, a modo de promoción de las condiciones relajantes de una visita a las Termas de Río Hondo, cesiones gratuitas de diez minutos de masajes que, en muchos casos, resultan muy efectivos y placenteros. Laura y Melisa, las encargadas de ese rato descontracturante a metros del mar.

Pero sábado tuvo un atractivo mucho mayor que los juegos alrededor de una mesa: el mar, una vez más, se transformó en el rey del verano. Por un lado, debido al calor de la jornada, con sensación térmica un par de grados por encima de los 30 que marcaba el termómetro, correr hacia el mar y zambullirse a la carrera, era algo de lo más recomendado a los pocos minutos de pisar la playa. Pero además, la temperatura del agua, tal como venimos haciendo referencia en los últimos informes, volvió a ofrecerse templada e ideal para quedarse entre las olas durante muchos minutos. "El agua debe estar a unos 20 grados", reconoció uno de los guardavidas que controlaba a los bañistas.

En las amplias zonas de Punta Mogotes, el mar, además de su calidez, presentó un escenario fantástico para disfrutar de su majestuosidad. "Te podés internar a unos cien metros de la orilla y el agua te llega a la cintura", contó Jorge, uno de los recién llegados de la quincena, quien avisa que su esposa Marta lo alienta para que se meta "bien en lo hondo, para ver si me pierdo...".

Lo cierto es que, como ocurrió en los últimos días, a lo largo de toda la extensión de los balnearios de Punta mogotes (casi tres kilómetros) el mar fue una invitación imposible de rechazar para grandes y chicos. Orilla con olas inofensivas para los chicos, una gran explanada generada por la canaleta donde el agua se aquietaba y permitía refrescarse con tranquilidad y sin sobresaltos y allá, por la línea de los cien metros, el nacimiento de las olas que, en ocasiones con alturas de 2,5 metros, desafiaban a los más osados que, además de refrescarse, aprovechaban para hacer ejercicio en "el mejor hidromasaje del planeta".

La cosa, a esa altura de la primer rompiente, era así: un par de minutos de calma y, enseguida, rachas de tres o cuatro olas de gran envergadura que se armaban sin dar descanso a los que debían estar atentos para zambullirse ni bien rompían o animarse a barrenarlas durante un largo trayecto.

"Yo ya me metí seis veces –dijo Sergio- y pretendo romper el récord de Walter que, hace unos años, llegó a la marca de ocho excursiones bastante prolongadas al mar". Incluso, sobre la hora del ocaso y cuando el viento amainó, la gente se animó a prolongar su estadía en la playa hasta varios minutos después de la puesta del sol. Muchos, a esa hora, siguieron disfrutando del mar al grito de "está maravilloso". 

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