Miles de fieles se acercaron ayer al Santuario de San Cayetano, en el barrio porteño de Liniers, para pedir y agradecer al patrono del pan y el trabajo. El lema de este año fue “San Cayetano caminemos con fe, pidiendo tu protección”.
Desde temprano, cientos de creyentes se dieron cita en la iglesia ubicada en Cuzco 150, de la Ciudad de Buenos Aires, para participar de la celebración eucarística que el cardenal Jorge Bergoglio ofreció en un altar levantado en puerta del templo.
Como todos los años, decenas de fieles instalaron precarias carpas días antes en la vereda de la iglesia, aguardando la fecha, para asegurarse un lugar entre los primeros para ingresar a la iglesia y poder tocar la imagen del Santo.
En tanto, las filas de fieles se extendieron hasta seis calles de largo.
“Vengo todos los años, no falto nunca para agradecer a San Cayetano el trabajo que tenemos, la salud y para pedir por algunos familiares que están mal”, señaló una mujer que acampó desde hace días en el lugar.
Asimismo destacó que “tampoco falto ningún día 7; pero para agosto, vengo con la carpa y es lindo reencontrarse con otras personas que también hacen lo mismo”.
En las inmediaciones se montó un operativo de seguridad con personal de la Guardia Urbana, la Policía Federal y móviles del SAME para atender cualquier emergencia.
Unos 1.500 voluntarios laicos, 200 sacerdotes y 800 scouts asistieron a los fieles, a quienes repartieron pan, caldo y mate cocido.
Donaciones
El templo permaneció abierto hasta que ingresó el último de los peregrinos, en la madrugada de hoy, y se oficiaron misas cada hora y confesiones en forma permanente.
Los pedidos de los creyentes que se leyeron durante la misa fueron de trabajo, salud y hubo otros en acción de gracia por haber conseguido empleo.
Durante la misa muchos fieles donaron alimentos y ropa que fue destinada a Cáritas, para la ayuda de los más necesitados.
“Una bendición”
Bergoglio durante la homilía sostuvo que “nosotros somos conscientes de que hemos recibido una bendición y que esa bendición es al mismo tiempo una promesa”.
“San Cayetano, cuida nuestra esperanza, protégela de los males que la amenazan como el bajar los brazos, el tirar la toalla, el apagar la mirada pensando que no vale la pena, que en este país no se puede”, puntualizó el cardenal.
Consideró que no hay que pensar “nada de eso porque con la ayuda de San Cayetano nos ceñimos la toalla como hizo Jesús en la última cena y le lavamos los pies a nuestros hermanos. Con su ayuda encendemos la mirada y contemplamos el futuro con esperanza”.
En otro orden, destacó que “también pedimos protección ante la inseguridad que produce tanta violencia desatada en nuestra sociedad”.
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