Diversas dificultades imposibilitan el acceso de los sectores más humildes a poder tener su propio techo y reclaman soluciones por parte del Estado, como una línea de crédito

En el 78% de los asentamientos de nuestro país, las nuevas generaciones se quedan a vivir en el mismo barrio y en muchos casos comparten terreno e incluso casa con sus padres, de acuerdo a un informe de la organización Techo, que pone en evidencia la dificultad de acceso al suelo para los más humildes, así como la falta de créditos o soluciones por parte del Estado.

Esa situación deriva además en problemas a futuro, puesto que dificulta una eventual tarea de urbanización por el crecimiento demográfico en forma desordenada, mientras que también permite la aparición de especuladores con los precios de alquileres o ventas de casas y propicia el hecho de construir un hogar en sitios donde las familias viven en condiciones de emergencia y precariedad.

El estudio, que incluye entrevistas en profundidad a familias y referentes comunitarios, reflejó que prácticamente 8 de cada 10 jóvenes se quedan en el asentamiento y en general deciden entre tres posibles estrategias: alquilar dentro del barrio en una vivienda más precaria que la de sus padres; vivir en una parte de terreno que le ceden sus padres; o quedarse en esa misma vivienda sin realizar ninguna ampliación.

A la vez, se estableció que la decisión de independizarse suele estar atravesada con un deseo de crecimiento y generación de un nuevo núcleo familiar, aunque los propios jóvenes manifestaron obstáculos en el acceso a una vivienda digna, tales como créditos de vivienda que son inaccesibles por requisitos que no se aplican a la realidad de las familias, así como los bajos precios ofrecidos por las viviendas actuales.

"Por todas estas razones, las transacciones inmobiliarias dentro de los barrios se suceden en el ámbito informal: generalmente los terrenos se transfieren de dueño a dueño, considerado al primero como aquel que tomó ese lote o compró a alguien previamente. Dentro de esta lógica, existen especuladores que ostentan varias parcelas a su nombre, con las cuales realizan sus negocios", explicaron desde Techo.

Con respecto a estos jóvenes, el relevamiento puntualizó que "por lo general son mucho más vulnerables frente a cualquier coyuntura. Ante esto, de acuerdo a lo planteado por las personas entrevistadas, es normal que la mayoría retorne a la casa de sus padres o a una casa cercana debido a la seguridad que le brinda su familia, un entorno conocido, la red de apoyo vecinal y la necesidad de sobrevivir".

Otra de las preocupaciones que genera el hecho de que las nuevas generaciones continúen habitando en el sector, se refiere a la sustentabilidad del barrio "porque hará más compleja la tarea de urbanizar los barrios en un futuro, por la densidad que asuman aquellos que no tengan espacio físico para crecer y por el crecimiento desordenado de la mancha urbana para aquellos que sí tengan tierra hacia donde expandirse", según postularon los especialistas.

Al respecto, referentes barriales confiaron que "las personas se aprovechan de la situación y construyen en sectores poco sustentables con el fin de poder alquilar esas viviendas" y aclararon que es gente "que no vive en el barrio y que tampoco es dueña de los terrenos, pero termina construyendo y alquilando en sectores como al borde de las vías del tren o cerca del arroyo".

Sobre este punto, es importante recordar la situación de precariedad y emergencia que viven las miles de familias en los barrios populares, donde el 70% se encuentra cerca de un factor de riesgo (ribera de una arroyo, camino de alto tráfico, basurales, torres de alta tensión); el 70% no tiene acceso a la energía eléctrica; el 90% no cuenta con conexión formal de agua potable; y el 98% no cuenta con red cloacal.

Vale recordar que el relevamiento de asentamientos informales de Techo fue llevado a cabo en 2016, donde identificaron 2242 barrios populares en el territorio de las principales ciudades, donde habita el 67% de la población.

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