El ajuste y los despidos ponen en alerta un sistema clave para la seguridad, el transporte y la economía.
La posibilidad de un “apagón meteorológico” dejó de ser una hipótesis lejana. En medio de un conflicto gremial por más de 240 despidos y recortes presupuestarios, trabajadores del Servicio Meteorológico Nacional (SMN) advierten sobre un escenario crítico: la interrupción de servicios esenciales para el país.
El SMN es el único organismo con potestad legal para emitir alertas oficiales en Argentina, por lo que una eventual paralización implicaría la caída del Sistema de Alerta Temprana. Sin esa herramienta, organismos como Defensa Civil y los Bomberos perderían capacidad de respuesta ante inundaciones, tormentas severas o vientos extremos, mientras que gobiernos locales quedarían sin respaldo técnico para suspender clases o eventos. La población, en tanto, dejaría de recibir avisos inmediatos sobre fenómenos repentinos.
El impacto también sería directo en el transporte. La seguridad aérea depende de los reportes meteorológicos actualizados que el SMN elabora en cada aeropuerto, por lo que sin esos datos los vuelos no podrían operar con normalidad, generando cancelaciones masivas y afectando al turismo. En paralelo, la navegación marítima y fluvial quedaría sin información clave sobre vientos y mareas, aumentando los riesgos en el Mar Argentino y la Hidrovía.
En el plano económico, el agro perdería una herramienta central para planificar siembras, cosechas y aplicaciones, lo que incrementaría la incertidumbre productiva. Además, los seguros agropecuarios se verían comprometidos al no contar con registros oficiales de eventos como granizo o heladas. El sector energético también quedaría expuesto, ya que los pronósticos permiten anticipar la demanda y evitar fallas o sobrecargas, especialmente durante temperaturas extremas.
Frente a este escenario, especialistas advierten que aplicaciones como AccuWeather o Meteored no pueden reemplazar al organismo. Estos servicios se nutren en gran medida de los datos generados por la red de más de 125 estaciones del SMN, distribuidas en todo el país, incluida la Antártida. Sin observación directa en el terreno, los modelos pierden precisión y el país quedaría, en términos meteorológicos, prácticamente “a ciegas”.
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