Fue la más alta expresión de rebeldía obrera y estudiantil contra la dictadura militar que la oprimía

El Mayo francés y la Primavera de Praga en Europa, así como la masacre de Tlatelolco en México, dieron marco a la irrupción política de la juventud que, además, comenzó a expresarse con nuevos fenómenos sociales y culturales como el rock y el hipismo. En este marco, el Cordobazo fue la más alta expresión de rebeldía obrera y estudiantil contra la dictadura militar que la oprimía.

En mayo de 1969 el ambiente estudiantil estaba caldeado por la supresión de la autonomía, la censura y la carencia de política coherente, una medida imprudente enciende el polvorín.

El rector de la universidad del Noreste, Carlos Walter dispone privatizar el comedor universitario y los estudiantes responden con una movilización pacífica que es reprimida provocando, el 15 de mayo, decenas de heridos y la muerte de Juan José Cabral de 22 años. El general Lanusse dice: “era la chispa que faltaba para que comenzara a incendiarse el país”.

El hecho provoca repudios en, todo el país y, en Rosario, muere otro estudiante, Adolfo Bello. El 21 de mayo, en el marco de un paro estudiantil, una multitud participa de la “Marcha del Silencio”: los manifestantes levantan barricadas y se defienden de la represión con bombas molotov y piedrazos: es el “Rosariazo”. La policía montada cobra una nueva víctima, Luis Blanco, de solo 15 años.

Un plenario sindical de Rosario exige a las cúpulas gremiales que convoquen a un paro general y las dos CGT, lideradas por el “Lobo” Vandor y por Raimundo Ongaro, responden en forma unitaria. A pesar de que la ciudad ha sido declarada “zona de emergencia” el gobierno prefiere replegarse.

La manifestación es masiva. Las columnas acompañan el cortejo fúnebre durante cinco horas.

En Córdoba, la campana… Otro episodio pone en movimiento a los obreros mecánicos cordobeses: las empresas intentan establecer una rebaja salarial amparándose en su condición de industriales del interior. El 14 de mayo el SMATA se moviliza contra la pretensión patronal de modificar el “sábado inglés”.

Una asamblea es declarada ilegal y se la intenta disolver con gases lacrimógenos, lo que termina en una gran batahola: vidrieras rotas, 10 policías internados, 20 trabajadores detenidos y 6 patrulleros y un ómnibus estropeados.

Además, los conductores de ómnibus agrupados en UTA y conducidos por Atilio López enfrentan una reestructuración y paralizan el transporte. El 16 de mayo se cumple en la provincia un paro general de 24 horas.

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Desde ese día la agitación se instala en la capital mediterránea. Activistas estudiantiles y obreros realizan actos relámpago, volanteadas y “habladas” en el comedor de la Ciudad Universitaria y las puertas de las fábricas y se producen localizados incidentes violentos. Se dispone el cierre de la universidad lo que lanza los alumnos a la calle. El barrio Clínicas se convierte en el bastión que el 26 de mayo es tomado por los universitarios que defienden la zona con mucha improvisación y creatividad.

Ongaro viaja para expresar su solidaridad pero es detenido y las dos CGT cordobesas anticipan en un día la convocatoria a paro general de 24 horas hecha para el 30; en Córdoba, el paro será de 37 horas, desde las 11 del jueves 29. El 28 por la noche

hay redadas policiales y decenas de activistas son apresados. Los dirigentes locales admiten que ya no pueden contener la protesta.

El “Cordobazo”

Desde el alba se huele en el ambiente que “algo va a pasar”. La policía traza un cerco para aislar el casco céntrico y hay inquietud general. A media mañana los comerciantes cierran los negocios.

A partir de las 10.30, casi sin carteles que identifiquen sus reclamos u organización, los obreros del cinturón industrial, particularmente de “la Fiat” y “la Káiser”, inician su marcha.

hacia el centro que se nutren de miles de pobladores de los barrios. Hacia el mediodía alcanzan el centro sumándose a otros hombres y mujeres de los más variados gremios.

Desafiando la fiereza de “la montada”, llegan al centro. En uno de esos cruces, la columna norte de IKA recibe gases y tiros y cae sin vida el obrero Máximo Mena. Su muerte exalta los ánimos y los trabajadores cargan con más furia que elementos sobre las fuerzas represivas, que, desbordadas, abandonan el lugar. En simultáneo, en otra columna, salida del barrio Clínicas, mueren dos obreros y un estudiante. La policía retrocede con bastante desorden abandonando incluso sus autos. En algunas paredes se pinta: “Soldado, no tires contra tu pueblo”.

En las primeras horas de la tarde los manifestantes controlancerca de 150 manzanas y en la siesta el comandante del III Cuerpo de Ejército, general Sánchez Lahoz informa que restablecerá el orden dando un plazo a los manifestantes hasta las 17 horas.

Al caer la noche, se escuchan disparos aislados mientras la Aviación Militar vuela bajo tratando de identificar focos rebeldes. En los barrios la gente apedrea los vehículos militares tirándoles piedras, macetas, etc. Sánchez Lahoz comentará: “Me pareció ser el jefe de un ejército británico durante las invasiones inglesas. La gente tiraba de todo desde sus balcones y azoteas”.

Recién pasado el mediodía del 30 Córdoba, en huelga total, recupera la “normalidad”. ¿Muertos? El informe oficial reporta 12, el vox populi cuenta 30 o más.

El Cordobazo golpeó al régimen militar y, aunque demorará un año la definitiva caída de Onganía, abrió un estado de movilización y politización en toda la población que se extendió a casi todo el país.

Provocó también una brecha entre el presidente y los jefes militares como Alejandro Lanusse que no se cerrará más. Perón, exiliado en Madrid, fue el otro jugador decisivo de la nueva partida que comenzó aquel 29 de mayo y que abrió una nueva etapa política en el país que recién se cerró con el golpe de estado de marzo de 1976. La ilusión de cambiar el mundo iluminará los destinos de toda una generación de argentinos.

Por Ricardo de Titto, historiador, Archivo General de la Nación

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