Actúan como “trapitos”, pero se aprovechan de los automovilistas que frenan y les roban, llegando a agredir si hay resistencia. Entre el Conurbano y Capital Federal se registraron 860 casos, según el Estudio Miglino.

El ataque a puñaladas de dos limpiavidrios contra un hombre que circulaba en su auto reavivó el debate por una problemática que sigue creciendo en la Capital Federal y el Conurbano bonaerense, ya que un estudio privado demostró que aumentaron un 26% los ataques de “trapitos” a lo largo del último año.

Tras el reciente episodio ocurrido en el barrio porteño de Chacarita, cuando dos jóvenes de 18 y 26 años intentaron robarle las pertenencias al hombre que detuvo su auto ante una barrera, un relevamiento del Estudio Miglino junto con la ONG Defendamos Buenos Aires, llevado a cabo hasta agosto de este año, dio cuenta de que en total se produjeron 860 hechos de estas características entre la Ciudad y el Gran Buenos Aires, mientras que a igual mes de 2017 se habían registrado 680.

El titular de la ONG, Javier Miglino, señaló que “operan en Capital Federal y el Conurbano bonaerense unos 860 limpiavidrios, siempre copando las esquinas más transitadas” y sobre la modalidad precisó: “Primero abordan a los automovilistas, en especial a las mujeres; cuando encuentran la víctima adecuada golpean el vehículo, los vidrios o manchan el parabrisas de modo que la conductora se baje del auto y en ese momento surge un cómplice que aprovecha la distracción para robar teléfonos celulares y dinero”.

“Cuando el semáforo o la barrera, como en el caso del muchacho agredido en el cruce de Elcano y Guzmán, permite la circulación, aprovechan la confusión y los bocinazos de los automovilistas para escaparse, obligando a la víctima a marcharse en algunos casos con una herida de arma blanca”, sentenció el abogado especialista.

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En este caso, un vecino dio aviso a la policía y efectivos de la Comisaría 15 de la Ciudad detuvieron a los agresores en la misma cuadra, donde les secuestraron el cuchillo utilizado para atacar y ahora se les sigue una causa por tentativa de robo y lesiones. Sin embargo, no es lo más común. “Tanto en Capital Federal como en muchos barrios del Conurbano, los limpiavidrios y “trapitos” ya son parte del paisaje cotidiano. Ambas organizaciones están lejos de ser expresiones de búsqueda de trabajo, sino que son verdaderas mafias”, alertó Miglino.

Y sentenció: “Cada una cuenta con un perfil de víctima delineado (mujeres solas, en especial), zona de actuación, horario establecido, cantidad de integrantes entre agresores y cómplices, además de todo un sistema de reducción o venta del botín, tales como celulares o joyas que terminarán en algún local de la calle Libertad en el centro porteño y en las numerosas galerías y cuevas de la calle Corrientes y la Avenida Rivadavia, sobre todo en el barrio de Once”.

En tal sentido, el titular de Defendamos Buenos Aires reveló que “el crecimiento de los limpiavidrios está fuera de control: en el último sondeo habíamos contabilizado 680 (360 en Capital y 320 en Provincia), mientras que ahora estamos hablando de 860 (480 en Capital Federal y 380 en Provincia), lo que habla de un crecimiento de alrededor del 26 por ciento, es decir que el problema se está agravando”.

En cuanto al accionar de las autoridades, evaluó: “Legisladores porteños y bonaerenses presentaron en sus respectivas cámaras proyectos que contemplan la regulación o directa prohibición para los limpiavidrios y trapitos, sin embargo ninguna de las dos mafias ha sido eliminada de la vía pública, tal como ocurrió en la Ciudad de Mendoza. Eso hace que los delincuentes, al saberse impunes, actúen con mayor peligrosidad, llegando a apuñalar a aquellos que se resistieron a sus robos”.

Según el informe, en cada asalto se llevan una suma importante. “Es un negocio criminal redondo porque en cuestión de segundos los delincuentes se alzan con un botín promedio de 8.000 pesos. Salen corriendo y a los pocos minutos vuelven a robar”, detalló Miglino.

En ese sentido, explicó que “incluso en algunos casos de robo simulan peleas entre limpiavidrios “honestos” y “criminales” en la misma esquina, pero la verdad es que, como en el caso de los pungas, solo se trata de una puesta en escena llevada adelante únicamente por criminales con el afán de seguir robando”.

Para el especialista, este tipo de ataques son uno de los principales en lo que hace a los hechos de violencia cotidiana: “Conforme el estudio que hicimos público hace unos días, que da cuenta de que al menos diez casos graves de violencia urbana se producen cada día en el radio que integran Capital Federal y el Conurbano bonaerense, totalizando unos 3.600 episodios, no debemos olvidar que al frente de los reclamos están justamente las violentas agresiones perpetradas por limpiavidrios y trapitos contra automovilistas, donde las mujeres agredidas son mayoría”.

“Esto nos muestra que el mal llamado oficio de limpiavidrio no es una forma desesperada de ganar dinero legítimamente, sino el accionar de una banda criminal perfectamente delineada y establecida que tiene como objetivo robar la mayor cantidad de bienes y dinero en efectivo, caracterizada por la pluralidad de sujetos, el uso de armas blancas, el amedrentamiento de las víctimas y ante la resistencia de la víctima, el ataque cobarde”, concluyó.

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