Desde la invasión de paraguas desde China, en los años '90, esos artículos dejaron de fabricarse en Argentina. Pero Elías Fernández no se rinde y desde su local en Boedo sigue dedicándose a arreglarlos y darles otra oportunidad.

Como cada mañana, y desafiando los mandatos que imponen el “progreso” y el pragmatismo de un mundo diferente, Elías llega silencioso a su local de avenida Independencia y Colombres, saluda a su hijo Víctor y a sus ayudantes, baja al taller situado en el subsuelo y se sumerge en la actividad que marcó gran parte de su vida desde que vino de España a comienzos de los ‘50: el arreglo y la confección de paraguas.

Elías Fernández, que transita sus 85 años con mucha energía y entusiasmo por su trabajo, cuenta que “vengo todas las mañanas, de 8 a 13, aquí paso el tiempo, arreglando y refaccionando paraguas, pero hoy esta es una actividad olvidada, porque hace mucho que todos los paraguas vienen de China, algunos son mejores y otros peores, pero en Argentina ya no se hacen”.

Explica que “los chinos se han impuesto en casi todo el mundo, aquí los paraguas dejaron de fabricarse en los ‘90, cuando comenzó la gran importación, y la industria se vino abajo” y detalla que “una varilla salía lo mismo que un paraguas de afuera, entonces los fabricantes empezaron a importarlos, y casi todos eran descartables”.

Verdadero artesano del oficio que abrazó al poco tiempo de llegar al país, Elías dice que “con el tiempo entraron paraguas de mejor calidad, que si bien no tienen la duración de antes al menos resisten” y comenta que “en nuestro local vendemos paraguas de distintas calidades, algunos duran más que otros, y también depende del uso que se le dé, y parten de un piso de 300 hasta 2.500 pesos”.

Señala que “aún conservamos algunos paraguas ingleses, que eran muy buenos por su armazón, en general son los automáticos y largos” y aclara que el tamaño “no influye en su calidad, aunque los largos en general son más durables pues en los cortos el mecanismo al plegarse, o con los vientos, puede romperse con más facilidad”.

Aceptando que hoy los conceptos de consumo cambiaron, Elías admite que “la idea es que duren un tiempo corto” y ejemplifica que “yo le arreglaba a un muchacho un paraguas alemán, que duró 40 años, porque las varillas son muy resistentes, y eso es clave para su rendimiento”.

LEA MÁS:

En cambio, explica que “con las telas no hay problema, ahora hay más variación estética, cuando yo empecé eran todos negros, luego entraron los colores lisos y finalmente se impusieron los estampados”. El mejor ejemplo, para don Elías es su propio negocio, la Paragüería Víctor, ya que “aquí vendemos buenos paraguas, le aclaramos al cliente la procedencia y la calidad, y le explicamos cómo usarlo, ya que tenemos 60 años en el mercado con un prestigio ganado”, y agrega que “también vendemos calzadores, billeteras, bastones y abanicos, que salen mucho en el verano”. Elías asegura que “para mí, venir aquí es una terapia, porque me gusta hacerlo y a uno lo hace sentir vivo” y dice que el ritmo de trabajo “es muy irregular, un día caen 20 composturas y otros una o ninguna, obviamente que en tiempo de lluvia hay mucho más trabajo, aunque la gente es práctica y a veces opta por los descartables”.

Recuerda que “tradicionalmente los paraguas venían de Gran Bretaña, luego en la época de Martínez de Hoz se importaron de Japón y de Brasil, pero acá se hacían buenos paraguas, había varios fabricantes que apostaban a esta actividad, pero luego se volvió muy caro producirlos”.

Destaca que “en los primeros años se ganaba bien, tuve locales en un par de lugares cercanos, hasta que en 1979 nos vinimos a esta esquina en la que hoy seguimos”.

También tiene otros dos cables a tierra

Elías recuerda las viejas épocas y dice que “antes había gran competencia, muchos fabricantes y vendedores, pero con la importación las paragüerías dejaron de existir”, y reconoce que “las nuevas generaciones se ocupan menos, pese a que conmigo trabajan un par de muchachos junto a mi hijo”.

Fuera del tiempo que le dedica con esmero a arreglar varillas, empuñaduras y telas con paciencia artesanal, Elías tiene sus cables a tierra. Varias tardes por semana “va a la facultad”, una broma que refiere a encuentros en el Centro Galicia, en la calle Bartolomé Mitre, con varios amigos, muchos de ellos también gallegos, con quienes trabó una amistad de años en una tierra que no era la suya”.

El fútbol también ocupa un lugar en las aficiones de Elías. Cuenta que “en España era hincha del Celta de Vigo, y cuando vine a Buenos Aires mis primos eran todos fanáticos de San Lorenzo, así que me convencieron amablemente de que tenía que hacerme del Ciclón.

De vendedor callejero a arreglarlos

De carácter amable, con una memoria prodigiosa y dispensando un trato familiar, Elías cuenta que nació en la ciudad gallega de Orense y llegó a Buenos Aires el 16 de enero de 1950 en un barco de nombre Tucumán, que había trasladado heridos durante la Segunda Guerra.

Relata que “yo me vine al país porque no quería hacer el servicio militar, sabía de las atrocidades que habían hecho durante la guerra. Mi papá era barbero (peluquero) y tenía un taller donde hacía ollas de cerámica. Después nos fuimos a un pueblo cercano, Villa García. Eramos cuatro hermanos, yo soy el más joven y el único que aún vive”.

A los pocos días de llegar a Buenos Aires, Elías cumplió 18 años, y se fue a vivir a casa de unos parientes, por Barracas. “Como mi tío era paragüero, me recibió y dio la garantía por mi estadía aquí. Al poco tiempo, empecé a trabajar en la Papelera Argentina, en Bernal, donde estuve cinco años”.

Hasta que un día, Elías quiso cambiar de rumbo, y le ofreció a sus primos empezar a trabajar con los paraguas como vendedor callejero. “Aceptaron y con mi atado de paraguas me recorrí las calles de Avellaneda, Ensenada, La Plata, Berazategui, Quilmes, y hasta en La Boca”, y señala que “me atraía mucho ver cómo se confeccionaban y se reparaban, y aprendí rápidamente”.

Dos años después conoció a una argentina, hija de gallegos, con la que se casó, y tuvo a su único hijo, Víctor, quien hoy es su principal sostén en el negocio del barrio de Boedo.

Aparecen en esta nota:

Contacto

Registro ISSN - Propiedad Intelectual: 58849696 - Domicilio Legal: Intendente Beguiristain 146 - Sarandí (1872) - Buenos Aires - Argentina Teléfono/Fax: (+5411) 4204-3161/9513 - internet@dpopular.com.ar

Edición Nro. 15739

Dirección

Propietario: Man Press S.A. - Director: Francisco Nicolás Fascetto - Director Comercial: Martín Fascetto © 2017 Copyright Diario Popular - Todos los derechos reservados