Miguel Díaz-Canel afirmó que Cuba está dispuesta a dialogar con Estados Unidos sin presiones ni condiciones, en medio de nuevas amenazas y acusaciones de la administración Trump.
El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, afirmó que su país está dispuesto a entablar un diálogo con Estados Unidos, siempre que se dé “sin presiones” y “sin precondicionamientos”. Las declaraciones fueron realizadas este jueves, en respuesta a preguntas de la prensa, en un contexto de renovadas tensiones entre La Habana y Washington.
“Cuba está dispuesta a un diálogo con los Estados Unidos, a un diálogo sobre cualquiera de los temas que se quiera debatir o dialogar”, sostuvo el mandatario. En ese marco, remarcó que cualquier instancia de negociación debe desarrollarse “en una posición de iguales”, con respeto a la soberanía cubana y sin injerencias en los asuntos internos del país.
Díaz-Canel también buscó despejar las acusaciones que pesan sobre la isla y aseguró que Cuba no representa una amenaza para Estados Unidos. “Los cubanos no odiamos al pueblo norteamericano, reconocemos los valores del pueblo norteamericano”, expresó, y señaló que existen múltiples áreas en las que ambos países podrían trabajar de manera conjunta “sin prejuicios”.
El jefe de Estado subrayó además que Cuba es “un país de paz” y que su doctrina militar tiene un carácter estrictamente defensivo, orientado a resguardar la soberanía y la independencia nacional, sin contemplar acciones de agresión contra otras naciones.
Las declaraciones del mandatario cubano se produjeron en medio de una escalada de amenazas por parte del presidente estadounidense Donald Trump. El pasado 29 de enero, el jefe de la Casa Blanca firmó una orden ejecutiva que declara una “emergencia nacional” ante lo que Washington define como una “amenaza inusual y extraordinaria” de Cuba para la seguridad de Estados Unidos y de la región.
En ese documento, la administración estadounidense acusa al Gobierno cubano de alinearse con “países hostiles”, de albergar a “grupos terroristas transnacionales” como Hamás y Hezbolá, y de permitir el despliegue en la isla de capacidades militares y de inteligencia de Rusia y China.
Díaz-Canel respondió con dureza a esa medida y calificó a la dirigencia estadounidense como una “camarilla” que actúa con fines personales, a la que definió como de naturaleza “fascista, criminal y genocida”.
Pese al tono confrontativo, Trump reconoció posteriormente que su administración mantiene contactos con La Habana. Según declaró a la prensa, Estados Unidos está “hablando con la gente de Cuba, los más altos cargos de Cuba”, y se mostró confiado en que se podrá alcanzar un acuerdo, aunque volvió a referirse al país caribeño como “una nación en decadencia” y afirmó que ya no cuenta con el respaldo de Venezuela.
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