El Archivo de Seguridad Nacional de Estados Unidos hizo públicos documentos sobre la estrategia de Washington contra el presidente chileno.

El Archivo de Seguridad Nacional de Estados Unidos reveló hace unos días una serie de documentos que confirman el plan de Estados Unidos para derrocar al gobierno socialista de Salvador Allende (1970–1973).

Durante décadas, Estados Unidos sostuvo que su objetivo no fue nunca desestabilizar al Gobierno de Allende, sino que ­intervino en el país para “preservar” la democracia y sus instituciones.

En su momento, Henry Kissinger, asesor de Seguridad Nacional de EEUU, repitió que su país no tenía conocimiento del golpe de Estado de Augusto Pinochet de 1973 en Chile, que terminó con la muerte del presidente, Salvador Allende.

https://twitter.com/NSArchive/status/1324340785672847360

Los documentos recién desclasificados revelan la frenética actividad de la Administración Nixon entre el 5 y el 9 de noviembre para evaluar las consecuencias de la victoria de Allende y las posibles respuestas de Estados Unidos.

Uno de los memorandos, fechado el 5 de noviembre de 1970, refleja que Kissinger alertaba a Nixon sobre la "decisión más histórica y difícil en asuntos exteriores" que debería tomar la Casa Blanca, teniendo en cuenta los efectos adversos que podía tener la Presidencia de Allende, tanto en la relación entre Chile y EE.UU., como su posible influencia en el hemisferio.

Kissinger califica a Allende como “un marxista duro y dedicado”, profundamente “anti estadounidense” que intentará “establecer un estado socialista y marxista en Chile” y que buscará eliminar la influencia de Estados Unidos “en Chile y el continente” para establecer relaciones estrechas con la Unión Soviética, Cuba y “otros países socialistas”.

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La consolidación de Allende en el poder en Chile, por lo tanto, supondría varias amenazas muy graves a nuestros intereses y posiciones en el continente”, advierte en el memorándum Kissinger.

Tras evaluar los problemas que supone Allende y las debilidades de su régimen, Kissinger plantea las distintas alternativas que Washington tiene y los riesgos de cada opción: desde no hacer nada y permitir que Allende se consolide hasta “hacer algo para prevenir que se consolide ahora que sabemos que es más débil de lo que nunca será”.

Finalmente, el presidente adoptó una posición "correcta pero fría, para evitar darle al gobierno de Allende una base sobre la cual reunir apoyo nacional e internacional para la consolidación del régimen".

En un memo, el exjefe de Gabinete, Harry Robbins Haldeman, describía la posición de Kissinger y sus argumentos para aplazar la reunión: "Para Henry, Chile podría terminar siendo el peor fracaso de nuestra administración: 'nuestra Cuba' en 1972", comenta.

Chile caería en poco tiempo en un ahogamiento económico, con bancos multilaterales bloqueados, sin acceso al crédito internacional y con la prensa en contra.

Los problemas financieros, además de la caída de la actividad, forjaron el ambiente que propició el golpe. Tres años después de aquellas conversaciones en Washington, bajo el liderazgo del entonces comandante en jefe del Ejército de Chile, Augusto Pinochet, las Fuerzas Armadas pondrían fin, de manera violenta, al Gobierno socialista de Unidad Popular.

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