Con mediación de Pakistán, Irán y Estados Unidos mantuvieron dos rondas de negociaciones directas, algo que no ocurría desde 1979.
Las delegaciones de Estados Unidos e Irán completaron este sábado dos rondas de negociaciones en Islamabad, en un intento por transformar el frágil alto el fuego vigente en un acuerdo de paz duradero que ponga fin a la guerra en Medio Oriente iniciada el 28 de febrero.
El diálogo, mediado por Pakistán, se desarrolla bajo estrictas medidas de seguridad en el Hotel Serena, convertido en el epicentro diplomático global.
El proceso incluyó el intercambio de borradores legales y técnicos para estructurar un eventual tratado. Según fuentes diplomáticas, ambas partes finalizaron una primera fase con “optimismo moderado”, aunque reconocieron que las diferencias siguen siendo profundas y que el camino hacia un acuerdo definitivo será complejo.
El encuentro marcó el primer contacto directo de alto nivel entre Washington y Teherán en años, con delegaciones encabezadas por el vicepresidente estadounidense, JD Vance, y el presidente del Parlamento iraní, Mohamad Baqer Qalibaf. La instancia fue calificada como histórica, en un contexto de guerra que ya dejó miles de víctimas y alteró los mercados energéticos globales.
Sin embargo, el clima cordial señalado por los mediadores paquistaníes contrasta con las tensiones de fondo. Desde Teherán cuestionaron las “exigencias excesivas” de Washington, especialmente en relación con el control del estratégico Estrecho de Ormuz, por donde circula una parte clave del petróleo mundial. A su vez, la Casa Blanca fijó una línea roja innegociable: la imposibilidad de que Irán desarrolle armas nucleares.
En paralelo, el presidente estadounidense, Donald Trump, fue tajante al definir el objetivo central de la negociación, mientras que desde Teherán insistieron en condiciones propias, como la liberación de activos bloqueados y compensaciones por los daños sufridos durante el conflicto.
El equilibrio diplomático también se ve condicionado por factores externos. Desde Israel, el primer ministro Benjamin Netanyahu aseguró que su país logró debilitar severamente el programa nuclear iraní mediante acciones militares, elevando la presión sobre las conversaciones. Al mismo tiempo, continúan los ataques en Líbano, lo que amenaza con desestabilizar aún más el escenario.
Analistas internacionales advierten que el núcleo de la negociación radica en la llamada “fase técnica”: un posible sistema de inspecciones que garantice la desnuclearización iraní. Este punto, sin embargo, es visto por Teherán como una injerencia inaceptable en su soberanía.
Mientras tanto, Islamabad permanece bajo un virtual “toque de queda diplomático”, con presencia de delegaciones y emisarios de otras potencias que siguen de cerca el proceso. Se espera una nueva ronda de conversaciones en las próximas horas, clave para definir si el acercamiento deriva en un acuerdo estructural o si las diferencias reavivan el conflicto.
El desenlace de estas negociaciones podría redefinir el equilibrio geopolítico en Oriente Medio y el mercado energético global. Entre avances parciales, desconfianza mutua y presión militar, el mundo observa con expectativa si la diplomacia logra imponerse sobre la lógica de la guerra.
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