Jornadas extensas, escasez de maestros, salarios deteriorados y edificios en malas condiciones alimentan el malestar juvenil, mientras crece la tensión con las fuerzas de seguridad.
Más de 250 mil personas salieron a las calles de distintas ciudades francesas durante las últimas semanas para reclamar por la educación pública. Las movilizaciones, protagonizadas en buena medida por adolescentes, derivaron en enfrentamientos y dejaron miles de detenidos.
El conflicto también generó cuestionamientos por el accionar policial. Según cifras oficiales, 215 estudiantes, 715 agentes y 85 trabajadores de la enseñanza resultaron heridos desde el comienzo de la crisis, con dos jóvenes como los más afectados por graves lesiones debido al uso de granadas.
Desde París, Rodrigo Grosso sigue de cerca el reclamo por su trabajo como profesor de música en dos conservatorios. El cordobés, instalado en la capital francesa desde 2019, mantiene contacto diario con alumnos de distintas edades y observó cómo las primeras protestas se multiplicaron por el país.
El movimiento comenzó en zonas periféricas de la capital, como Créteil y Saint-Denis, y luego ganó las calles de otras ciudades. “Son barrios muy desfavorecidos. Los chicos empezaron a protestar, pero de manera improvisada. Se hartaron”, explicó en diálogo con La Voz.
Entre los principales reclamos aparece la extensión de las jornadas escolares. “Acá los chicos están muy cargados: las clases empiezan a las 8 de la mañana, se levantan a las 7, porque algunos tienen que viajar en tren, y salen a las 6 de la tarde. Entonces son jornadas muy largas, con muchas tareas”, contó.
La falta de personal también ocupa un lugar central. “Es increíble la falta de profesores que hay”, sostuvo. Como ejemplo, señaló la escasez de docentes de matemática y explicó que algunas instituciones recurren a universitarios que recién comienzan sus carreras para cubrir esas horas.
El malestar alcanza además al plantel docente. “Los profesores se quejan de la baja de los salarios, obviamente. En Francia hay inflación: aumentan los impuestos, el gas, el transporte, y los sueldos no aumentan”, afirmó. También describió sobrecarga laboral y establecimientos deteriorados, algo que, según relató, puede observarse en imágenes difundidas en redes sociales.
Las manifestaciones suelen concentrarse en los accesos a los colegios. “Los chicos empiezan a hacer vandalismo, para de alguna forma llamar la atención. Agarran los containers, los ponen en las puertas de los liceos, prenden fuego y a veces se termina quemando”, explicó. En una institución cercana a su vivienda, incluso, se incendió la puerta de entrada.
El docente también presenció un operativo policial frente a un liceo que suele recorrer. “El jueves había policías cercando y todos los chicos afuera gritando y filmando. Después vi que la Policía les sacaba los carteles y los rompía”, relató. Según cifras del Ministerio del Interior citadas por Associated Press, 891 escuelas tuvieron clases suspendidas de manera total o parcial.
Aunque la actividad educativa continuó en algunos casos mediante plataformas virtuales, la asistencia es baja. “En teoría tienen clases por Zoom, pero los chicos mismos me decían que nadie se conecta”, contó. Frente al panorama, dejó una imagen contundente de la situación: “Es un horror ver esos edificios públicos parisinos que tienen 200 años todos quemados, negros”. Aun así, aclaró que “no prenden fuego por dentro”.
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