El 6 de febrero pasado, el emblema de la división entre las dos alemanias cumplió más tiempo derribado que en pie. Acá, un repaso por aquellos personajes que lograron traspasarlo

El 6 de febrero el Muro de Berlín cumplió más días derribado que en pie. Con más de cinco mil escapes exitosos a lo largo de 28 años, dos meses y 26 días, en el emblema de la división entre las dos alemanias se abren paso la historias de fugas como adornos de una de las etapas de mayor tensión entre las entonces potencias. Un lado, asociado siempre a la libertad, recibió como héroes a lo que cruzaban furtivamente por la puerta grande de la Cortina de Hierro. El otro los condenó como traidores.

Entre los mitos sostenidos por la tradición oral alemana y las transgresiones permitidas por los guardias de los puestos de control, se yerguen historias increíbles que se agigantan con el paso del tiempo. Relatos en los que el ingenio se abrió paso ante la desesperación y el desaliento de una época marcada por la paranoia, la puja internacional y el derrumbe del comunismo soviético.

EL PRIMERO EN HUIR

Mira hacia un lado y hacia el otro, se inclina levemente y comienza una carrera. De fondo hay gritos. Vítores. En un salto, pisa con sus borregos el borde del alambre de púas y se deshace del fusil, que queda atrás. El escape de Conrad Schumann fue icónico porque fue el primero, porque era un soldado de RDA y porque quedó todo registrado. Se transformó en un símbolo.

Aquel 15 de agosto de 1961, el tercer día de construcción del Muro, a Schumann le había asignado custodiar la esquina de Ruppiner Straße y Bernauer Straße. “A metros estaba mi libertad”, contó Schumann en la última entrevista que dio antes de morir -20 de junio de 1998-. La foto del salto adorna la mayoría de los museos sobre el Muro de Berlín.

Soldado se fuga y traspasa el Muro de Berlín

TÚNEL

“El túnel de la libertad” es un libro escrito en primera persona por Ellen Sesta, una de las protagonistas del escape conocido como “Túnel 29”. A lo largo de 123 metros, un pasadizo construido por el estudiante italiano Doménico Sesta, marido de Elle, llevó a 29 alemanes del Este al Oeste. Él, junto a un compañero de estudios, ideó el escape e incluyó a muchos que ni siquiera se conocían, pero que lo único que querían era abandonar la opresión del régimen soviético. Pero el motivo principal de los italianos (que no tenían problemas a la hora de pasar documentados de un lado al otro de Alemania) fue el de rescatar a un tercer amigo que había quedado del otro lado de la Cortina de Hierro junto a su esposa y su pequeña hija.

El 14 de septiembre de 1962, una joven y menuda Ellen ingresó a un bar y pidió una copa. Fue la señal para reunirse sin llamar la atención con todos los que habían pactado la huida. Ella los condujo hasta una casa abandonada en Schönholzer Strasse 7, donde desembocaba el pasadizo. Desde allí, los 29 se arrastraron por un túnel de 70 centímetros de diámetro, a 12 metros de profundidad. Del otro lado, en el sótano de una panadería, los esperaba la salida.

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SUBMARINO

En el otoño de 1967, Bernd Boettger fue sorprendido por la Stasi en las playas de Wismar con un sospechoso objeto. El ingeniero explicó que estaba testeando un invento, pero la policía civil de la República Democrática Alemana no le creyó y lo detuvo. Durante los tres meses que pasó en prisión se lamentó por no haber sido cauto. Al salir, se juró éxito.

El 8 de septiembre de 1968, el ingeniero alemán tomó la réplica del mini submarino que le habían secuestrado y se lanzó al Mar Báltico con rumbo a Dinamarca. Semanas atrás había logrado reconstruir, con un motor auxiliar de bicicleta, el impulsor que lo llevaría a lo largo de 25 kilómetros lejos de la Alemania soviética. Porque la táctica para sortear el muro no siempre fue atravesarlo.

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UN VIAJE EN GLOBO

En el sótano de su casa, allí donde se hablaba a rienda suelta de los desastres del régimen sin miedo a la denuncia, Peter Strelzyk y Günter Wetzel comenzaron a creen que la vía aérea era una posibilidad concreta para abandonar la República Democrática Alemana rumbo a su par occidental. Comprando materiales en distintos comercios para evadir los controles, armaron un globo aerostático. Tras un primer intento fallido, Strelzyk y Wetzel con sus respectivas esposas y los cuatro niños escaparon el 16 de septiembre de 1979 y en pocas horas aterrizaron a kilómetros del muro.

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