Desde pequeño la guitarra fue su compañera, tuvo una lucha con la pelota, pero la noble caja de madera y cuerdas ganó la batalla. A tal punto que hoy el grupo Acullico (vocablo quechua que se refiere al bolo de hoja de coca) lo tiene como uno de sus integrantes, Nicolás Garoni, de Villa Luzuriaga, a sus 37 años reparte su tiempo entre sus proyectos de música y su labor docente, que desarrolla, claro, con su guitarra. Viajar, conocer gente, intercambiar cultura, conocer nuevas sensaciones y hacer música sin fronteras es la pasión del matancero.
Acullico, que se recuesta en la música latinoamericana, encuentra sus raíces en Jujuy, pero luego se fueron adhiriendo otros a cada paso que fueron dando por la región del norte. “El grupo se fue armando a partir de diferentes viajes. El gen es en Salta con dos o tres pero a las poquitas semanas me crucé en Jujuy, me sumé y luego sucedió lo mismo con otros hasta que se armó el grupo, ya que se fue ensamblando gente de Buenos Aires”, explica Nicolás Garoni.
El conjunto está integrado por seis músicos: Lucas Pierro (piano), de San Martín; Nicolás Fernández (bajo), de Chacarita; Gustavo Chenau (batería), de Núñez; Patricio Sosa (percusión y voces), de Salta; Facundo Sotomayor (voz y flauta traversa), de Salta; y Nicolás Garoni (guitarra), de Villa Luzuriaga.
“En Purmamarca nos conocimos con Patricio y Facundo, y con los demás años después nos cruzamos en Amaicha, Tucumán. Aquella vez en Purmamarca escuché cómo tocaban, nos juntamos y empezamos a tocar juntos. Salimos a buscar restaurantes para tocar y así arrancamos”, cuenta el matancero y apunta: “Matías Aguilera es quien compone las letras y la música para el grupo. El tuvo un hijo y se bajó del proyecto, pero seguimos juntos de algún modo”.
El grupo, según el guitarrista de La Matanza, “tiene neta influencia de la música andina, pero también hacemos cumbia colombiana, afro peruano, que es música criolla de Perú, como también tocamos temas del Flaco Spinetta, candombe uruguayo”, asegura. Y al referirse a los sitios en donde su música tuvo espacio, apunta que “en La Matanza hemos tocado en la Feria de los Pueblos, que hacen unos amigos que tienen una banda que se llama Pura Vida, en el Ital Club, de Ramos Mejía, y en la peña El Pampero de Morón. Pero también hemos hecho presentaciones en Capital, Ecuador, Perú, Bolivia, y en el norte de nuestro país, en donde hicimos temporada en el verano”.
Fueron muchos viajes con la guitarra a cuestas, pero nunca está cerrada esa posibilidad. “Lo seguimos haciendo en la medida que pinta y que se puede. Agarramos los instrumentos, la mochila y nos vamos de viaje. La comunión no es sólo la música, sino que volamos y buscamos el camino siempre, cumpliendo ciclos pero siempre nos reencontramos. Es que se trata de aprender la cultura milenaria de nuestros pueblos”.
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