Tras la identificación del cuerpo de su hijo, expresó su rechazo a que sea restituido al continente.

La guerra de Malvinas representa una herida abierta, una marca con muchos recuerdos, nostalgia y dolor. En La Matanza, la historia de Julio Rubén Cao toma la forma de paradigma de compromiso, valentía y amor por la Patria.

El maestro, que enseñaba en Laferrere, no pudo regresar; murió en combate el 10 de junio de 1982, y sus restos habían sido inhumados como NN, hasta ahora. Es que tras 36 años de aquella locura sus restos fueron identificados por el Equipo de Antropología Forense, que lo anunció junto al Comité Internacional de la Cruz Roja.

"En su momento aceptamos que sean localizados pero no que los traigan al continente. Porque de lo contrario la lucha de nuestros hijos habrá sido en vano, pese a que las guerras nunca son buenas", dice Delmira Hasenclever de Cao, madre del maestro soldado, que durante muchos años fue parte de la Comisión Nacional de Familiares y Combatientes de Islas Malvinas y Atlántico Sur.

Y aclara: "Algunos piensan diferente, pero esa ya es una decisión personal. Yo sostengo que ellos están haciendo Patria en Malvinas".

Durante 35 años y un pocos más hubo una idea, una creencia nacida desde los testimonios recibidos. Cao, quien dio clases en la Escuela 32 del barrio Don Juan de Laferrere, había sido alcanzado por un explosivo cuando un grupo de soldados argentinos descendía de Monte London. Esa historia decía que del maestro no había quedado nada, pero la realidad era otra.

"Nunca pensamos en buscar algo de él a partir de todos los datos que teníamos, pero este año nos llegaron versiones de que el cuerpo de Julio estaba entero, que las esquirlas de una bomba lo habían matado", cuenta Delmira en diálogo con este medio.

"El 4 de junio recibimos los resultados de un ADN. La gente del Equipo de Antropología Forense nos citó para darnos la noticia de que los restos de Julio habían sido encontrados. Nos confirmaron que el cuerpo estaba entero".

En esa confirmación la familia de Julio Cao –además de su madre, su hermana y su hija- supo que los restos se encuentran en la fila 2, tumba 2 del cementerio de Darwin. "Estamos agradecidos a todo esta gente que se ha ocupado", subraya la mujer de 81 años, que cuenta sus sensaciones.

"Está claro que no es lo mismo que haya o que no haya nada. Tras 36 años supimos que hay restos. A su hermana y a su hija les dio paz, porque no lograban cerrar esa historia, no podía hacer el duelo. Y yo estoy feliz porque ellas están tranquilas, ya que no aceptaban lo de Malvinas", explica.

Y agrega: "Yo en su momento dejé la bronca de lado y me abracé al amor por mi hijo, por los veteranos y por todos los familiares. Pero esto me ha movilizado, pero a mi hija y a mi nieta mucho más".

Y enseguida aclara: "Pero por escribano público dejamos asentado que no queremos que traigan los restos de Julio, ya que no le queremos dar el gusto a los ingleses. Las tres firmamos esa negativa".

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