En un bar, entre cervezas, ricos platos y un millón de anécdotas, se volvieron a juntar aquellos que le dieron vida al rectángulo verde ubicado en San Luis, Mendoza, Jujuy y Sarandí que fue el corazón de los pibes del barrio.

A pesar del transcurso de los sesenta años, la pasión, el apego por las cosas del barrio, los recuerdos y las ganas de volver a darse un abrazo resistieron y vencieron al olvido. Un grupo de amigos de San Justo supo qué es aquello del sabor del reencuentro.

En la larga mesa no sólo hubo comida y bebida, también, y sobre todo, vivencias, anécdotas y mucha emoción.

Un día Amadeo Tito Debattisti, referente de la cultura matancera, dio el primer paso para intentar reunir a aquellos amigos del potrero. "Se trató de la reunión de los amigos del potrero de las calles San Luis, Mendoza, Jujuy y Sarandí, de San Justo, que se extendió por cinco horas", cuenta Tito Debattisti.

La lista se elevó a 20 presencias y "fue algo inolvidable, con emociones encontradas. Hubo abrazos de sentimiento, lágrimas, y se armó una reunión muy emotiva. Las canas brillaron en casi todas las cabelleras en momento que era el oportuno para juntarnos. Fue impagable, inolvidable", apunta el organizador, quien acota que "sólo el lamento por no haber tenido a los que ya no están, pero así es la vida".

En la esquina de Jujuy y Comisionado Indart queda el último terreno sin construcción. Las plantas de laurel alrededor fueron quedando, más el hinojo esparcido por los laterales hacen que sea inexorable el recuerdo de aquella canchita, que en ese entonces era la más grande de la zona. "Luego del remate con la carpa del rematador Balagna comenzó la construcción. Los Lammana, los Rabanal fueron los pioneros, pero luego se fueron sumando otros que poblaron la manzana, que era el escenario para nuestro esparcimiento", relatan los amigos del potrero.

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El fútbol era lo más saliente, pero "se jugaba al hoyo me embrollo, con la pelota pulpito, al gallo con un bolón y cada uno ponía sus bolitas; con el viento en contra aparecían los barriletes, estrellas, bombas y cajones", recuerdan y marcan: "El Negrito Manfre, Enrique Orrego, Néstor Varela Clerici fue siempre el formador de equipos del barrio, ya sea baby, papy y juveniles y siempre nos llevaba a jugar torneos o partidos amistosos".

En tanto, Paco Méndez dice que "el gordo Cacho Bernal armaba equipos infantiles y en nuestro potrero armaba torneos relámpagos. Cacho era el padre de Tito Bernal y Rubén (ya fallecido). También armaba campeonatos en nuestra cancha, Tito el Mimbrero que trabajaba en Vialidad Nacional. Era chofer y tenía a cargo un camión en el que nos llevaba a jugar en otros campitos".

Todos se aferraron a las hermosas anécdotas que iban apareciendo sin pedir permiso. Así fue que el tiempo no les alcanzó para tirar tantas anécdotas a la mesa. "Fueron muchos años de complicidad, de camaradería por la vecindad de aquellos años, en donde el respeto, el potrero y la pelota nos unía", dice Tito.

Llegaba el atardecer y poco a pocos se fueron yendo con cierta nostalgia, porque se regalaron un espacio para retratar el pasar de la vida.

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