Hace dos meses, las Abuelas de Plaza de Mayo le dijeron que era hija de desaparecidos y su vida dio un vuelco de 180 grados. Este sábado dará una charla en la Plaza Luna para contar su experiencia.

A comienzos de diciembre, la aparición de la nieta número 126 se convirtió en una nueva noticia para las Abuelas de Plaza de Mayo. Hacía dos años y medio que Adriana Cosentino, movida por la incertidumbre que le generaban las escasas respuestas obtenidas sobre su origen, decidió concurrir a la sede porteña de las Abuelas en busca de su identidad.

Y a pesar de que en un principio la respuesta fue negativa, el tiempo y su corazonada le dieron la razón cuando fue informada del resultado de las pruebas genéticas por la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (Conadi). Así, Adriana descubrió que es hija de Edgardo Garnier y de Violeta Graciela Ortonali, a quien secuestraron embarazada el 14 de diciembre de 1976.

Pero, a diferencia de varios de los casos ya registrados entre los nietos localizados, en los que sus progenitores eran apropiadores, Adriana fue adoptada en Wilde aunque de manera irregular, es decir con documentos fraguados. Ella vivió toda su vida con los Cosentino hasta que, con el correr del tiempo, comenzó a sospechar de su origen incierto. “Yo sentía que las cosas no me cerraban. Había reacciones de mi mamá de crianza que me hacían sospechar. Por ejemplo, le preguntaba por qué había nacido en Wilde siendo que vivíamos en Capital y se ponía nerviosa y recién al otro día me daba una respuesta”, le contó Adriana a El Porteño del Sur.

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“Descubrí que era adoptada hace unos tres años, después de la muerte de mi mamá adoptiva, cuando una señora amiga de la familia me lo sugirió. Y después, una tía del corazón me lo confirmó”, agrega.

"Quiero compartir esta noticia con todos porque no es solo mío, esto nos hace bien a todos como sociedad y a nivel país”, dijo Adriana a poco tiempo de confirmarse la noticia que le dio un vuelco a su vida, y ahora ella ha decidido compartir esta experiencia con el fin de crear conciencia. El lugar elegido es la Plaza Luna (en la calle Luna y Los Patos) junto a sus queridos quemeros este sábado 17 de febrero entre las 17 y las 20 horas.

“La nieta 126 es quemera, es fresca, no tiene rencor, sólo amor y alegría; y también tiene un objetivo: que su testimonio sirva para continuar buscando a los 300 bebés nacidos en cautiverio en la última dictadura militar”, dice la invitación al evento, difundida por las redes sociales, refiriéndose a esta abogada de 41 años que con cada palabra transmite todos esos sentimientos.

“Mis papás de crianza se conocieron en Huracán y vivieron, hasta que se casaron, en Parque Patricios. Luego se mudaron a Monserrat pero mi papá, mis tías y mis primas eran del globo y me contagiaron la pasión quemera”, explica Adriana.

Para abrir mentes

“Quiero reunirme con la gente para concientizar a jóvenes y adultos que todavía dudan de su verdadera identidad de que no se queden quietos y busquen la verdad. Yo tuve muchas dudas durante mi adolescencia, que continuaron en mi adultez pero al final le hice caso a esa voz interior proveniente del corazón. A veces la verdad es dolorosa pero esa verdad es parte de tu vida y para mí fue uno de los mejores regalos de la vida encontrarme con la verdad”, contó Adriana.

“A mí, desconocer la verdad me hizo mucho daño porque no pude vivir mi vida plenamente: la relación con mis padres adoptivos se volvió dificultosa a medida que crecía porque ellos siempre estaban muy tristes y yo creía que era por mi causa. Y lo mismo me pasó en las diversas etapas de mi vida porque ahora siento que perdí mucho tiempo y energía a lo largo de los años como fue el caso de una pareja que tuve con la que no llegué a nada porque no sabía si quería tener hijos o no. Yo vivía en un limbo, y todo tuvo que ver con haber perdido mi identidad”, agrega.

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De un lado y del otro

En medio de lo que ella describe como un “proceso de reconocimiento” personal, Adriana se alegra de que su experiencia también le sirva a la gente para darse cuenta de que lo que su situación es algo que le puede pasar a cualquiera.

“Siempre estuve rodeada de gente que estaba en “la vereda de enfrente”, que pensaba que toda la información sobre los desaparecidos era mentira. Hubo incluso un compañero de trabajo que me llegó a decir ´con los militares estábamos mejor´ pero yo le contesté que eso no lo diga ni en broma porque me lastimaba, y ahora me recuerda que si no me hubiera pasado lo que me pasó, seguiría creyendo eso”, explica la nieta 126 que además agrega que todos sus amigos fueron a la conferencia de prensa de Abuelas y ahí mismo se largaron a llorar, víctimas de la emoción del momento.

“Yo soy muy observadora y eso me ha convertido en una persona con conciencia social. Mi mamá adoptiva siempre me decía que yo era una “defensora de pobres”, y tenía razón porque ahora hago eso, soy abogada”, cuenta Adriana, divertida.

“Me han llegado muchas propuestas para militar o bajar línea pero no me interesa hacer eso. Mi objetivo es sembrar conciencia, no militar. Después de ver cómo cambió mi amigo su forma de pensar, yo siento que tenemos que ir por esa gente para convencerlos de unirnos para encontrar a los todos los bebés apropiados durante la última dictadura y devolverles su identidad”, dice.

“Siento que tenemos que unir a los argentinos porque ya bastante desunidos hemos estado a lo largo de la historia. Hay que seguir el precepto del Martín Fierro y los “hermanos unidos” .Si logré que una persona cambie y reconozca que es inadmisible lo que hicieron los militares, ya es un pequeño pero valioso logro y hay que repetirlo”, concluye.

La nueva familia

Adriana cree que todo tiene una explicación, una causa, y por eso no le guarda resentimiento a sus padres adoptivos. “Perdonar es una palabra muy fuerte. No es tanto perdonarlos sino entenderlos. Ellos tenían otra mentalidad pero de algo podés estar seguro: no querían a los militares. Ellos tenían miedo, como muchos de sus contemporáneos y preferían mirar para otro lado”, explica.

“Ellos habían armado una carpeta de adopción e incluso llegaron a presentarla, pero la Ley de adopción es tan engorrosa y te tratan tan mal que la gente, en la desesperación, recurre a lo que puede y ellos creían estar haciendo el bien a alguien”, explica, y cuenta que finalmente encontró su partida de adopción.

Una vez conocida su identidad, Adriana pudo conocer a su abuela paterna, Blanca Díaz de Garnier, de 86 años, que vive en la ciudad de Concepción del Uruguay (Entre Ríos). “Cuarenta años de espera y llegó el momento. (…) Cada vez que aparecía un nieto decía: 'a mí nunca me toca'”, dijo Blanca en su primera aparición en los medios, y agregó que su hijo Edgardo salió desde Entre Ríos a los 16 años y conoció a Violeta cuando cursaba sus estudios en la ciudad de La Plata. "Estuve comunicada con ellos hasta los últimos días, inclusive les había preparado todo un ajuar para la nieta o el nieto por venir, pero todo desapareció", recordó.

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"Es hermoso y me llena de felicidad saber que mis papás me quisieron y lucharon por mí. Después de que secuestraron a mi mamá embarazada y nací, mi papá nos fue a buscar a los cuarteles en febrero de 1977 y también lo desaparecieron", relató Adriana.

Además, la mujer cuenta que, gracias a su abuela, pudo descubrir lo parecida que es a sus padres. “Físicamente me parezco a mi papá y a mi abuela, y de mi mamá saqué esa cosa de ser “varonera”, de jugar con cochecitos y revólveres de juguete, de subirme a los árboles. Y de mi papá saqué el amor por los animales: desde los 9 años que tengo perros”, cuenta y agrega que también heredó la pasión por viajar de su abuelo. “Mi abuela dice que él se subía al auto y salía a la ruta, libre, y allí era feliz. Ella sufría al viajar así que él tenía que empezar a convencerla dos meses antes”, relata.

Ya la fui a ver tres veces”, cuenta y añade que este fin de semana pudo conocer a los últimos parientes de su madre, que viven en Moreno. “Les pude conocer la cara a todos y hasta me agregaron al grupo de WhatsApp familiar”, dice riéndose. “Con ellos no encontré un gran parecido físico pero sí en lo referente a la ideología y a las creencias, que compartimos por igual”, dice Adriana, muy esperanzada por esta nueva situación que le toca vivir.

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