Los jubilados estafados residen, tanto en la Capital (Belgrano, Palermo, Puerto Madero), como en conurbano (Lomas de Zamora, Quilmes, San Martín, San Isidro)

Las estafas a los jubilados siempre fueron moneda corriente, a través de distintas modalidades delictivas. Pero de acuerdo con un informe elaborado por la ONG Defendamos la República Argentina, en base a una Encuesta Nacional de Inseguridad, durante la pandemia proliferaron los ilícitos con oro falso, al punto que entre abril de 2019 y abril de 2020 se denunciaron al menos 240 hechos con metal adulterado, cifra que trepó a 360 en el último año.

Según indicó la ONG, con la asistencia del Estudio Miglino y Abogados, en pandemia muchos adultos mayores optaron por salir a intentar salvaguardar sus pequeños ahorros comprando oro. Es sabido que este metal, a la hora de establecer su autenticidad, puede poner en aprietos incluso a los profesionales con experiencia que conocen con certeza si es verdadero oro solo con el peso, tacto y color o terminado de la pieza. Pero ante cualquier duda, también pueden hacer pruebas para comprobar su calidad.

Sin embargo, además de métodos profesionales como la prueba del ácido nítrico o el cálculo de densidad que estas personas usan, no hay mucho más y no pocos jubilados en barrios porteños como Palermo y Belgrano pero también en ciudades como Formosa Posadas, Corrientes o Comodoro Rivadavia han sido engañados por bandas que ofrecen anillos, llaveros, pendientes, pulseras y otros elementos como de oro 18 kilates, cuando en realidad son copias de metales sin valor, dijo Javier Miglino, Director de Defendamos la República Argentina.

Como ejemplo se cita que Lucinda B. de 78 años vive en la ciudad de Corrientes y quería comprarle un juego de pendientes, collar y pulsera de oro a una nieta que estaba por cumplir los 15 años. Si bien la joven prefería un viaje o una moto, la abuela consideró que las joyas de oro duran para toda la vida y por eso no dudó en tomar 650.000 pesos para la compra.

Según el relato, le habían pasado el dato de que un vendedor que iba casa por casa en la zona, tenía un muestrario digno de una reina por la cantidad y calidad de joyas de oro e iba a domicilio, previa cita por teléfono. Se hacía llamar Abraham, tenía las mejores recomendaciones de Buenos Aires y hacía poco que se había instalado en la Mesopotamia. Tras comprar, pasada la fiesta, un joyero dictaminó que se trataba de oro falso, con un valor no mayor a los 3.000 pesos. Los casos se multiplican por todo el país.

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