"Es necesario que el Estado genere estadísticas sobre las
violencias en general y los femicidios en particular", dijo Túñez, recordando que el observatorio lleva justamente el nombre de la asesinada Adriana Marisel Zambrano, porque tras el primer estudio en 2008, la familia de la víctima no encontró su nombre en esa lista, ya que no había tenido espacio en medios de comunicación.
Durante el año 2013, los femicidios fueron 295, exactamente 18 más que en el informe 2014. Lamentablemente, no se puede adjudicar ese descenso en la cantidad a una merma de la violencia machista. Al contrario, Túñez reveló que durante el Mundial de Brasil -en junio y julio- se redujo drásticamente la cantidad de hechos publicados en medios. Culminado el certamen, las cifras volvieron a la "normalidad".
El trabajo presenta distintos y valiosos rangos de análisis. Así, se sabe que 95 casos fueron protagonizados por esposos, parejas o novios de las mujeres asesinadas, y 61 por ex. Se trata del 56% del total. A estos datos deben agregarse los
19 femicidios cometidos por otros familiares, los 10 por padres/padrastros, los 21 por vecinos/conocidos y los 12 por hijos. Es decir, en la enorme mayoría de los asesinatos de mujeres, quien mata es un "enemigo íntimo".
Esta certeza se confirma, además, cuando el estudio indica que 74 mujeres resultaron ultimadas directamente en sus viviendas, 69 en casas que compartían con los femicidas y 5 en los domicilios de sus asesinos. "Los hogares deberían ser un espacio de cuidado y paz para las mujeres. Pero no es así", explicó Ada Rico, responsable del observatorio.
¿Cómo matan los varones femicidas? La respuesta está incluída en el informe y es escalofriante: en 73 hechos usaron armas de fuego; en 68 utilizaron las armas blancas para apuñalar; en 54 se inclinaron por piñas y patadas; en 14 les alcanzó con las manos para estrangular; en 10 recurrieron al ahorcamiento; en 9 usaron fuego; en otros 9 asfixiaron a la víctima; en 8 las degollaron; en 6 casos las autopsias indicaron "traumatismos"; en dos hechos las ahogaron; y los cobardes métodos de aniquilamiento machista culminan con un episodio de víctima descuartizada, una inanición y una sobredosis de insulina.
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