Como Araceli Ramos, Sandra salió de su casa alrededor de las 13 para responder a un aviso laboral que había salido publicado en un diario de Tucumán.
El hombre que la había convocado era Daniel Sirnio, quien la hizo pasar, la violó, la golpeó y le aseguró que si contaba algo de lo sucedido allí, le iba a armar una causa.
Sandra pasó más de 10 horas en esa casa del horror y cuando finalmente logró escapar acudió a una fiscalía para hacer la denuncia. Allí habló con la fiscal Adriana Reynoso Cuello, quien prácticamente le dijo que deje de ver películas y la mandó a su casa.
Pasaron dos meses y Sandra, luego de viajar a Buenos Aires para pedir ayuda a distintos organismos nacionales. Como entre otras cosas contó que en esa casa había visto un arsenal, logró que la Policía la allane.
El prosecretario de la fiscalía, Manuel Uro, acompañó el allanamiento sin chaleco antibalas. Pero lo que empezó siendo un procedimiento de rutina, se complicó: Sirnio se atrincheró y la policía tuvo que pedir refuerzos. Allí llegó el comisario Víctor Barraza, quien ni siquiera estaba de turno.
En el medio del momento de tensión, llegó al lugar Silvana Sánchez Tardan, una doctora con turbios antecedentes, abogada del atrincherado, quien pide mediar y que le den un minuto con su cliente.
Ayudado por su abogada, el abusador logra meterse en un cuarto y sale con dos armas calibre 9, a los tiros. Mata al comisario Barraza y al prosecretario Uro. Después, el asesino se pega un tiro.
Por el caso, está detenida Reynoso Cuello, por obstrucción de Justicia.
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