Su nombre aparece acompañando una estrella amarilla, de esas que recuerdan a las víctimas de siniestros viales, de esos que, a diario, dejan un saldo de muertes y el dolor en los que sufren la pérdida por hechos evitables. Una picada sobre una avenida en el partido de San Martín, un auto destruido luego del impacto contra una columna de alumbrado público, varios tumbos y estrellado contra el paredón de una estación de servicio. Siete jóvenes en su interior, dos ilesos (el conductor y su acompañante) y cinco heridos, uno de ellos de gravedad, quien agonizó en un hospital y no logró sobrevivir.
Yoaquín Tomás Bruno, de 19 años, salió esa noche del 17 de abril de 2015 con sus amigos y compañeros de la escuela, desconociendo que la conducta negligente del que manejaba cinco días más tarde le costaría la vida. Hoy se cumple el segundo aniversario de su muerte y si bien la investigación del caso ha concluido y el expediente ya fue elevado a juicio, todavía se aguarda por la fecha en la que se sustanciará el proceso por el “homicidio culposo y lesiones”, que tiene como imputado al joven Nahuel Naranjo.
Patricia Sánchez, la madre de la víctima, solo espera que “se haga justicia”, ya convertida en una mensajera de la “conciencia vial”, a los efectos de combatir este flagelo de las muertos en hechos de tránsito. “Este año podría realizarse el juicio, estamos aguardando que se fije la fecha para llevarlo adelante ante el Juzgado en lo Correccional Nº 5 de San Martín, cuyo titular es Claudio César Frega. Junto a mi abogado Norberto Frontini confiamos en que habrá una condena, ya que en todo el trabajo que hizo el fiscal Rubén Moreno está comprobado que el choque fue producto de la imprudencia por andar corriendo una picada a toda velocidad”, señaló, en diálogo con DIARIO POPULAR.
Al rememorar aquella trágica jornada, la mamá de Yoa Bruno detalló: “Salió con sus amigos y en el camino, el que manejaba, Nahuel Naranjo, decidió subir a otros más y eran siete en un Volkswagen Gol. Se fueron primero al Mc Donald’s de avenida San Martín y General Paz, pero cuando salieron, en el semáforo se les paró otro auto al lado y le propone hacer una picada. Los dos aceleraron, pero al llegar a una pequeña curva de San Martín y Rodríguez Pena, una esquina donde hay una estación de servicio, el conductor del auto en el que iban los chicos pierde el control. Arranca una columna, el golpe fue del lado trasero en el que viajaba Yoa, da contra unos canteros, vuela y empieza a dar vuelcos cuando cae, hasta terminar contra un paredón”.
La colisión fue terrible, de acuerdo al relato de los testigos, quienes realizaron las primeras tareas de rescate de los jóvenes que iban en el VW Gol. Yoaquín Bruno fue el más afectado de los cinco que resultaron con heridas de gravedad y luego de ser trasladado en una ambulancia al hospital Eva Perón de San Martín, falleció luego de una penosa agonía. Los otros lesionados, con politraumatismos, se fueron recuperando con el tiempo.
“Ese muchacho que se decía amigo de mi hijo, lo llevó a la muerte. De su parte tampoco nunca recibí apoyo, ni siquiera acompañamiento de quien suponía era una amigo dolido o conmocionado por la tragedia que había provocado. Perdí a mi único hijo, poco después de enviudar, en situaciones que potencian el dolor, pero que intento canalizar para que no haya más muertes por cuestiones evitables como los hechos de tránsito. Ahora, espero el juicio para que se conozca la verdad y se haga justicia”, concluyó Patricia Sánchez.
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