Una librería se incendió en el Barrio Norte de la Ciudad de Buenos Aires, luego de que un grupo de indigentes prenda fuego un colchón en el que dormían y las llamas se extiendan hasta el edificio.
El episodio se produjo en Office and Co SA, ubicada en Viamonte y Esmeralda, provocando daños totales en el comercio, al que le originaron pérdidas por más de cuatro millones de pesos. Apuntan a que las cámaras de seguridad de la zona ayuden a esclarecer el caso.
“Hay un grupo de indigentes que hace rato pasan la noche en la vereda, frente al local. Según nos comentaron desde la empresa de las cámaras de seguridad, alguien prendió fuego uno de sus colchones y el fuego se extendió hasta el local”, le confió a DIARIO POPULAR Ezequiel Oliva, dueño de la librería.
De los 14 pisos que tiene el edificio, el negocio funcionaba en la planta baja y el entrepiso, que resultaron quemados en su totalidad. “Perdimos toda la mercadería, las estanterías, las cosas de computación. Calculo que son más de cuatro millones de pesos”, lamentó Oliva.
Y expresó: “Vamos a ver cómo actúa el seguro, pero mientras tanto nos fundió. Somos 13 empleados y perdemos la fuente de trabajo porque no sólo que no tenemos plata, sino que tampoco hay forma de poner en funcionamiento lo que quedó para que genere un ingreso”.
Con respecto a las grabaciones, el propietario explicó que “no las pudimos ver, pero desde PROSEGUR nos manifestaron que el incendio vino provocado por estas personas en situación de calle, que quemaron un colchón” y resaltó que eso se corrobora en las cámaras de la librería, donde no se detecta nada anormal hasta que se corta luz por la acción de las llamas.
Para colmo, la bronca también pasa por la inacción de las autoridades. “Habíamos alertado a Espacios Públicos de los posibles riesgos. Hubo denuncia de apuñalamiento entre ellos, de asaltos y hasta hace poco habían prendido fuego un banco. Avisé cuando vino una inspección de Espacios Públicos y también hice la denuncia al 147”, confió Oliva.
Por eso, lamentó que “no sé si la policía o el gobierno había hablado con esta gente, pero nunca los sacaron” y alertó: “Me llamó mucho la atención que el gobierno viene y hace inspecciones periódicas. Una vez nos multaron porque no estaban todos los precios en la vidriera, pero ante esto no hicieron nada”.
“Ahora dependemos del seguro y de lo que nos pueda reconocer el gobierno. Empecé acá a los 23 años y lo único que hicimos fue luchar, pasar horas interminables, pagar millonada de impuestos. Y, aparte de lo de todos los días, que suceda algo así, te da una sensación de abandono. Decís ‘¿para qué luché tantos años?’. Pero tengo que seguir adelante por mis tres hijas y mi mujer”, confió Oliva.