Leonardo fue como un día cualquiera a retirar dinero a la sucursal del Banco Francés de Avenida de Mayo, en Ramos Mejía, pero cuando salió vivió un calvario, una situación que le pareció “rara”: dos delincuentes que aparentaban tener información lo golpearon y le robaron.
“Yo no quiero acusar a nadie todavía”, dijo Leonardo, en diálogo con C5N, y expresó: “Yo arreglo lavarropas y estoy vestido de mecánico todo el tiempo. No le roban a un mecánico. Si te roban, te roban el celular, la billetera. Pero no me pidieron nada de eso, sólo querían la plata”.
Y siguió su relato: “Desde que entré al banco hasta que salí, fue todo raro. No había nadie en el banco. Estaba primero en la fila. En el Banco Francés se ve todo, se escucha todo. No hay mamparas laterales que separen una caja de la otra”.
Tuvo que poner cuatro veces su clave, porque “no entraba”. A Leonardo, la cajera –que hacía una suplencia por ese único día- le pedía que le hable más alto. “No te puedo decir la cifra en alto”, le contestó él y ella le dijo: “No te escucho”. Leonardo pidió que le den el dinero en billetes de 500 pesos, para no tener que llevar un bulto grande. Le dijeron que no había y que no podían conseguirlos tampoco. Le preguntaron si se llevaba el dinero igual y él dijo que sí.
Una vez que le entregaron el dinero, Leonardo tuvo que quedarse un rato acomodándolo: no creyó conveniente poner toda la plata junta en la riñonera. Entonces, la distribuyó en los bolsillos laterales del mameluco de mecánico que tenía puesto.
Cuando volvió a su casa –a unas 10 cuadras del banco-, tomó todos los recaudos: estacionó marcha atrás, por si tenía que arrancar rápido, miró bien por los espejos: nada. Cuando bajó de la camioneta y estaba por entrar a su casa, no sabe de dónde salieron dos hombres en una moto que lo apuntaron y le pidieron “toda la plata”. Leonardo les tiró el morral. Pero le seguían pidiendo la plata. Sabían que la tenía en los bolsillos. Lo golpearon y lo tiraron al piso: desde allí, él les pedía que no lo mataran. Finalmente, les dio todo: “No me quedé ni con 100 pesos”, dijo.
Los delincuentes lo dejaron en el lugar con la cabeza ensangrentada y Leonardo pidió ayuda a un vecino, que a su vez llamó a su esposa, Romina. “Salí con mi nene de nueve años y empezó a gritar porque estaba con la cabeza ensangrentada y no sabíamos si le habían pegado un tiro”, expresó la mujer, quien difundió las imágenes del violento asalto registradas por una cámara de seguridad desde su casa. Leonardo fue asistido en un hospital de la zona y fue dado de alta: “Vivimos con miedo, salís y no sabés lo que te puedo pasar. Hoy nos tocó a nosotros, pero antes fue a nuestros vecinos”, se quejó su pareja.