En el 10 por ciento de los casos, los delincuentes logran cobrar el rescate. El año pasado fueron 15 mil los damnificados. El Gran Buenos Aires es la zona más castigada y la mayoría de los hechos no son denunciados.

Sólo en el Conurbano bonaerense se producen unas 3 mil llamadas por fin de semana de bandas de delincuentes que operan bajo la modalidad de secuestro virtual. En el 10% de los casos, debido a la desesperación del momento, las víctimas pagan el rescate.

La cifra se desprende al cruzar los datos de los hechos denunciados y aquellos que no lo fueron, que alcanzan a casi el 70%, según le explicó a DIARIO POPULAR el licenciado en Seguridad Pública, Luis Vicat, quien agregó que el primer y segundo cordón del Gran Buenos Aires son los sitios más afectados, sobre todo en los lugares más poblados como La Matanza, Quilmes o Lomas de Zamora. Le siguen más atrás el Gran Rosario y la Capital Federal.

Entre las características más comunes de esta modalidad, mencionó que el grueso de los intentos se produce entre la noche y la madrugada de viernes y sábados, mientras que en algunas ocasiones los grupos actúan con inteligencia previa mínima y en otros se mueven “al voleo”.

“Esta modalidad comenzó a fines de los 70 en las cárceles de Estados Unidos y después vino para las de acá. Con el tiempo y las medidas de seguridad, migró y hoy el 90% de las llamadas se hace desde afuera de los penales”, contó el especialista, que a su vez precisó: “Hay que aclarar que no se trata de secuestros, sino que es una tentativa de estafa o defraudación, porque se origina en el engaño”.

Al respecto, Vicat resaltó que “estimativamente, unas 50 o 60 personas por día son víctimas de esto”, es decir que pagan el rescate. Anualizando la cifra, podría decirse que durante 2017 hubo en el Conurbano unos 15 mil damnificados por este accionar.

“La mayoría no lo denuncia por vergüenza de haber caído o por temor a represalias. Te dicen ‘sabemos dónde vivís, te tenemos ubicado y si hacés la denuncia nos vamos a enterar’. Es mentira, pero la gente no lo sabe”, advirtió.

Sobre el modus operandi, señaló que “hay secuestros con inteligencia previa mínima y otros que no la tienen, son tomados al voleo y llaman probando a toda la manzana”, aunque hay algo que es moneda corriente: “Eligen ciertos días, como los viernes y los sábados en horas nocturnas o de madrugada”.

“En esas horas seguramente hay gente de la casa que ha salido o no se encuentra. Es más fáctible que un adolescente no esté esos días que un martes. Y se realizan alrededor de las 2 porque a esa hora la gente está durmiendo o cansada. Es más permeable a este acting que hacen los operadores del secuestro virtual”, insistió el licenciado en Seguridad Pública.

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Esta actuación tiene tres factores: “Sorpresa, temor y rapidez. Los llamados ‘aulladores’ o ‘lloronas’ te apuran en el medio de la noche con frases como ‘mamá, me matan’ y el cerebro de la víctima tiende a completar los ladrillos de la pared mental que tiene delante. Esto es, escucha un adolescente y sabe que su hija no está, por lo que piensa que esa voz es de su hija”.

Ante la consulta de si hay grupos más vulnerables, Vicat sentenció que “en cuanto a clase social no es así, de hecho hubo un caso en que la víctima fue un vicerrector de la universidad de La Matanza”, pero alertó que “por temas fisiológicos o sociológicos, la tercera edad es más permeable a todo tipo de estafas”.

En relación a las sumas de dinero, aseguró que “va cambiando de acuerdo a cada banda, de hecho a veces si la víctima no tiene efectivo a mano se conforman con electrodomésticos”.

El experto relató cómo se organizan los delincuentes en la fase final para llevarse el botín: “El rescate generalmente lo cobran tipo delivery. Le dicen a la víctima que deje las cosas en una bolsa, vigilan que no haya patrulleros y pasa uno de los miembros en una moto. Por lo general, también piden al damnificado que se encierre en el baño o que no mire por la ventana”.

Asimismo, aseveró que “hasta ahora este delito no amenaza con ceder y no da miras de reducirse”, aunque consideró que “para el Estado es muy difícil de prevenir, por lo que tiene que hacerlo la población (ver aparte)”.

“Para colmo, es un delito muy difícil de comprobar, a menos que sean agarrados en flagrancia los tomadores de rescate. Y la condena es muy débil”, se lamentó Vicat.

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