Durante el último discurso como presidente en la apertura de sesiones del Congreso, Alberto Fernández repasó la agenda completa del kirchnerismo.

Alberto Fernández comenzó su último discurso inaugural ante el Congreso con su moderación habitual. Durante los primeros minutos de una alocución de de casi dos horas, repitió como un mantra “fui yo con mi moderación…” y acompañó la frase con los que consideró que fueron los logros de su gestión.

Algo similar a aquel eslogan de campaña que Ramiro Agulla supo crear para Fernando de la Rúa, el famoso “dicen que soy aburrido”. Sin embargo, sobre el final de su discurso el presidente confrontó abiertamente con la Justicia y con la oposición.

Dijo que Cristina Fernández de Kirchner es “perseguida injustamente” y que la Justicia buscó su “inhabilitación política”. Todo esto mientras Horacio Rosatti y Carlos Rosenkrantz -presidente y vice de la Corte Suprema-, escuchaban en silencio las acusaciones allí, en el recinto, sin que les moviera un músculo de la cara.

“En este tiempo, escuché como una y otra vez criticaban mi moderación. Pero con esa moderación fui capaz de enfrentar a los acreedores privados y pude ponerle freno a los condicionamientos que el FMI le había impuesto al gobierno que me precedió”, dijo Alberto Fernández.

Y agregó: “Con esa moderación fui yo quien puso el pecho a la pandemia. Y fui por el mundo con mi moderación buscando las vacunas contra el Covid-19 y dispuse que se apliquen millones de dosis gratuitamente a cada argentino y argentina que lo demandó”.

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Hasta aquí, nada sorprendía en el discurso presidencial, ni siquiera la tensión y el frío con el que se saludaron Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner, quien cumplió con la formalidad de recibirlo cuando él llegó al Congreso pero evitó todo tipo de contacto con quien fuera su compañero de fórmula en 2019.

Luego, el presidente enumeró una serie de resultados de su gestión: destacó el crecimiento económico de los últimos tres años -a pesar de que en los primeros tres meses de 2023 podríamos entrar en recesión- y dijo que no se daba algo así desde 2008, subrayó que se hicieron 2,5 obras públicas estatales por día, festejó el haber entregado 100.000 viviendas y reivindicó a las universidades que se abren en todo el país mientras recordó a los ex combatientes de Malvinas.

Para ilustrar todo esto, Alberto Fernández -asesorado por su equipo de comunicación- recurrió a un truco ya bastante antiguo: cada vez que tocaba un tema (viviendas por ejemplo) mencionaba a una persona que había logrado su casa propia y contaba la historia. El protagonista de la historia estaba allí en el recinto, en un palco dispuesto para todos los invitados especiales y se paraba y saluda al presidente.

De la moderación a la dureza

Pero de repente todo cambió. El presidente se metió con el tema de la coparticipación y sus declaraciones comenzaron a calentar los ánimos dentro del recinto.

Concretamente dijo que la Corte Suprema “le quita dinero a los que más necesitan y destina esos mismos recursos a la ciudad más opulenta del país”. Se refería al fallo de la Corte que le le dio recursos coparticipables a la Ciudad de Buenos Aires en su disputa con la Nación.

“Soy orgullosamente porteño. Amo esta ciudad en la que nacieron Jorge Luis Borges, Roberto Arlt, Marta Minujín, Niní Marshall, Aníbal Troilo, Marta Argerich y Luis Alberto Spinetta. Pero no puedo ser indiferente al ver las asimetrías que separan a esta maravillosa ciudad de rincones de la Patria en donde se postergan los sueños de argentinos y argentinas que parecen condenados al olvido”, dijo Alberto Fernández.

Algunos lo aplaudían, otros lo abucheaban. El diputado del PRO Fernando Iglesias —que escuchaba el discurso dándole la espalda al presidente en su banca—, comenzó a gritar “¡Basta de mentir!” y lanzó otras frases criticando al presidente.

“Es un honor que me insulte, diputado Iglesias”, dijo el presidente que por un momento dejó de mirar el texto impreso de su discurso e interrumpió su lectura. “Es un gran honor que usted me insulte, diputado Iglesias”, repitió varias veces. Iglesias y otros miembros del interbloque de Juntos por el Cambio se retiraron del recinto.

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La polémica se instaló por el debate sobre la coparticipación de la ciudad de Buenos Aires y cómo intervino la Corte en su momento. “Mientras muchas provincias necesitan realizar obras que permiten asegurar servicios tan esenciales como el agua potable, la Corte Suprema de Justicia aseguró cautelar a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires recursos coparticipables que no le corresponden contrariando la ley de coparticipación vigente”, dijo Alberto Fernández. Pero este fue sólo el puntapié inicial para una dura y enardecida crítica que el presidente hizo a la Justicia.

“Lamentablemente, el Poder Judicial hace tiempo que no cuenta con la confianza pública, no funciona eficazmente y no se muestra con la independencia requerida frente a los poderes fácticos y políticos”, lanzó Fernández sobre el final de su discurso.

Y recordó que con su gobierno “se terminaron los sótanos de la democracia. Los servicios de inteligencia ya no se vinculan con los jueces. El espionaje interno ya no existe”. Pero aclaró: “Digo todo esto sabiendo que de nada sirve semejante trabajo si miembros de la Justicia y del Ministerio Público se entrelazan en vínculos poco transparentes con empresarios o emisarios de la política que operan como auténticos factores de poder”.

Y aseguró que así como la Corte se metió en temas de ejecución presupuestaria (por el fallo de los fondos para la Ciudad de Buenos Aires) también lo hizo con las potestades del Congreso. “La Corte tomó por asalto la Magistratura”, aseguró.

Por último, Alberto Fernández decidió abandonar la moderación y realizar una férrea defensa de su vicepresidenta, quien no le aceptó ni la botella de agua que él le ofreció en un momento de la sesión.

Pese a la frialdad con que Cristina Kirchner lo trató -incluso no estuvo en el recinto Máximo Kirchner-, el presidente aseguró que la vice fue “perseguida injustamente” y sostuvo que en el juicio por la causa Vialidad “no se cuidaron las formas mínimas del debido proceso y se formularon imputaciones que rayan con el absurdo jurídico buscando su inhabilitación política”.

Así, aunque eligió no usar la palabra “proscripción” -que aseguran hubiera sido lo que Cristina Kirchner hubiera preferido-, Alberto Fernández usó las dos horas de su discurso ante el Congreso para pasar de la moderación a la defensa de su vice y el duro enfrentamiento con la Justicia. Todo en uno de los días más calientes del año.

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