La ex presidenta no conoce la derrota en elecciones donde su nombre figure en las boletas. Tras una victoria pírrica en las PASO de agosto, ahora enfrenta posiblemente su desafío más riesgoso.

Pone mucho en juego Cristina Fernández de Kirchner en esta elección. No es para menos, si se tiene en cuenta que no son pocos los que piensan que este domingo pueden escribirse el epitafio electoral de quien fuera dos veces presidenta de los argentinos.

Una alternativa probable, si se consideran las expresiones que vienen escuchándose desde diversos sectores del peronismo, donde se especula sobre “el día después” prescindiendo del cristinismo.

Pero en ese marco se vislumbra una derrota de la ex mandataria en las urnas. Probabilidad que puede sonar aventurada, tratándose de quien se trata. Y no solo por todo el poder que supo acumular -aunque ahora en el llano sostenga que no tuvo “el poder”, solo el gobierno-, sino fundamentalmente por sus antecedentes electorales.

Es que CFK nunca perdió una elección. Y eso que participó en muchas. Doce para ser más precisos. Y todas las ganó.

El éxito más reciente fue el de las primarias del 13 de agosto pasado, precisamente la victoria más acotada de todas las que alcanzó, pues ganó por menos de un punto, apenas 20 mil votos. Demasiado escueto, sobre todo contrastando con su anterior incursión electoral, en 2011, cuando alcanzó su mítico 54% de los votos.

No estamos incluyendo las derrotas electorales -que las tuvo- durante su administración como presidenta de la Nación, en 2009 y 2013. Podríamos agregar 2015, pero en ninguna de esas elecciones el nombre de Cristina Fernández de Kirchner figuró en las boletas, más allá de que a ella pudieran facturarse las derrotas.

Cristina recorrió todos los escalones: fue sucesivamente electa diputada provincial, diputada nacional, convencional constituyente, senadora nacional, otra vez diputada nacional, de nuevo senadora y por último, presidenta. Dos veces. Ahora va nuevamente rumbo al Senado.

La carrera electoral de Cristina se inició en 1989, cuando compitió como diputada provincial, cargo que alcanzó ganando esa elección que dio inicio a una trayectoria legislativa que se extendería por 18 años.

Ya siendo gobernador de Santa Cruz su esposo Néstor, Cristina comenzó a jugar un papel central en la estrategia del matrimonio, y en ese marco en 1993 volvió a ser candidata, ahora por partida doble.

En elecciones desdobladas, primero se postuló como diputada provincial y más tarde compitió para diputada nacional. En ambos casos, su lista ganó. Y previsiblemente debió optar por uno de los dos cargos, habiendo sido entonces candidata “testimonial” a nivel nacional, pues no asumió, para quedarse en la Legislatura provincial, donde su esposo más la necesitaba.

No era para menos, ya que Cristina allí presidía la estratégica Comisión de Asuntos Constitucionales y aun antes de que Néstor fuera gobernador ella había llegado a la vicepresidencia del cuerpo.

En el 94, el matrimonio compartió por primera vez una misma boleta, en este caso en la elección de convencionales constituyentes, que obviamente ganaron. Ambos pudieron participar entonces de la reforma constitucional promovida en tiempos de Carlos Saúl Menem, aunque el rol de ella allí fue más activo que el de su esposo, que como tantos otros gobernadores sólo concurría excepcionalmente.

En 1995, Néstor Kirchner obtuvo su primera reelección como gobernador, y dos años después su esposa, que ya era senadora -designada por la Legislatura provincial-, fue electa diputada nacional. En 1998, ella fue elegida convencional constituyente para reformar la Carta Magna santacruceña, mediante lo cual al año siguiente su esposo conseguiría la re-reelección.

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A partir de 2001 los senadores nacionales comenzaron a ser elegidos por el voto popular, y Cristina Kirchner volvió a la Cámara alta, esta vez a través de las urnas. Con mandato hasta 2007 como representante de Santa Cruz, en 2005 Néstor la necesitó para encabezar la que el kirchnerismo definió entonces como “la madre de todas las batallas”, enfrentando al duhaldismo en la provincia de Buenos Aires.

Cristina fue electa entonces senadora nacional por ese distrito por el 45,77% de los votos, mientras que Chiche Duhalde apenas cosechó un 20,43.

En 2007, siempre en función de las necesidades de la estrategia K, fue elegida presidente para suceder a Néstor Kirchner.

Fallecido su esposo, Cristina Fernández de Kirchner encabezó la fórmula presidencial que se impuso con amplitud en las primarias del 14 de agosto, triunfo que repitió con mayor amplitud el 23 de octubre, consagrándose presidenta por segundo período consecutivo. Prolongando así su invicto electoral a nada menos que once elecciones. La duodécima victoria fue, como dijimos, la de las PASO recientes. Emblemáticamente ese triunfo fue definido como “pírrico”.

¿Podrá Cristina alcanzar una victoria más que extienda su invicto, o el 13 será para ella el número de la mala suerte, que dé inicio a su declive electoral? Este domingo se sabrá.

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