En el pasado existían los golpes militares. Hoy no existen más, pero existen los ‘golpes de la calle’”, explicó el analista político Rosendo Fraga, al evaluar los graves sucesos ocurridos durante el frustrado intento de aprobación de la reforma previsional impulsada por el gobierno nacional.
Según el director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría, “cuando la calle pasa a ser ámbito de decisión política, se corre el riesgo de que la fuerza se anteponga al derecho. Una cosa es el reclamo y la protesta. Otra, cuando se impide el normal ejercicio de los tres poderes”.
Fraga consideró que la “oposición dura” en la calle y la disidencia de Elisa Carrió contribuyeron a diluir en Diputados lo que hasta el momento había sido una negociación exitosa del gobierno con el peronismo.
- Un gobierno no peronista que acaba de triunfar en las elecciones legislativas por una diferencia importante aparece de pronto sometido a fuertes presiones para torcer sus decisiones estratégicas, algo que desde 1985 no ocurría. ¿Cómo evalúa esta situación?
- Los tres gobiernos no-peronistas que han gobernado desde 1983, han tenido al mismo tiempo, falta de mayorías parlamentarias y dificultades para el control de la calle. Los acontecimientos de las últimas horas, con los incidentes frente al Congreso y la suspensión de la sesión en Diputados para tratar la reforma previsional, pueden interpretarse en este contexto. Macri no escapa a esta regla.
- Las imágenes del jueves del Congreso y La Plata nos hacen retrotraer a 2001. El gobierno pretendió avanzar fuerte con las reformas tributaria y previsional y estos hechos le muestran los límites bastante estrechos dentro de los que se mueve para hacer valer sus políticas.
- Aunque Macri tuvo un triunfo claro en las legislativas, la relación de fuerzas emergente en el sistema político-institucional muestra que está obligado a negociar. Como le sucedió a las administraciones no-peronistas precedentes, esta negociación debe realizarse con los gobernadores y la CGT, ambos alineados con el peronismo. El gobierno negoció con éxito, pero fue en el momento de la ejecución, cuando las cosas se complicaron. Tanto la disidencia de Elisa Carrió, como la presión de la oposición “dura” en la calle, llevaron a frustrar la sesión en Diputados, que había sido acordada con los gobernadores.
- ¿Evalúa que la famosa grieta tiende a profundizarse?
- El antagonismo en política siempre existe. En última instancia, la política es una dialéctica de voluntades y cada uno trata de imponer la propia sobre el otro. Pero en democracia, la política debe ser entre adversarios, no entre enemigos. Que se piense distinto, no implica ausencia de diálogo. Lo que en Argentina suele llamarse “grieta” es un ejemplo de política entre enemigos, no entre adversarios. Durante los dos años de gobierno de Macri, esta situación no se superó y desde cierto punto de vista puede haber aumentado.
- ¿Hay una Argentina arisca que se niega a los consensos democráticos y busca imponer su voluntad por fuera de los caminos institucionales?
- En el pasado existían los golpes militares y no sólo en el ámbito latinoamericano. Hoy no existen más, pero existen los “golpes de la calle”. Es cuando un gobierno cae por no poder mantener el control de la calle. Le puede pasar a un gobierno autoritario, pero también a uno democrático. Cuando la calle pasa a ser ámbito de decisión política, se corre el riesgo de que la fuerza se anteponga al derecho. Una cosa es el reclamo y la protesta. Otra, cuando se impide el normal ejercicio de los tres poderes.
- Todavía está en desarrollo la crisis desatada a partir del frustrado intento de aprobar el proyecto de reforma, pero a su juicio ¿cómo dejan al gobierno estos acontecimientos y las intensas imágenes vividas con el uso de la fuerza para controlar la calle?
- Para la oposición, lo que se vivió frente al Congreso, fue su “militarización”. En cambio para el oficialismo, se trató de una acción de fuerza para impedir que el Congreso sesione. La cuestión central es que si los legisladores no votan por temor a la calle, es cuando el sistema deja de funcionar.
- El proyecto de reelección que hasta hace unos pocos días parecía al alcance de la mano, ¿estaría hoy en peligro?
- El gobierno ha sufrido una crisis política a menos de dos meses de ganar en forma clara la elección legislativa. Pero esta crisis se resuelve si en los próximos días, el Congreso sanciona la reforma previsional. Lo sucedido, muestra que el peronismo más allá de sus divisiones, sigue existiendo como fuerza política y que no está terminado. Respecto a la eventual reelección de Macri, faltan casi dos años. Lo sucedido no implica que se haya tornado imposible ni mucho menos, pero confirma que nada es absolutamente seguro en política.
¿Cómo influyen en el escenario político las causas que afronta la ex presidenta y muchos de sus funcionarios, sobre todo aquella que la acusa por traición a la patria?
- El avance de las causas judiciales que afectan al Kirchnerismo, han contribuido a polarizar la política, al aumentar la confrontación o en última instancia, a profundizar la “grieta”.
- ¿El país está en condiciones de soportar una eventual detención de Cristina?
- Una eventual detención de Cristina no puede agravar la tensión política, porque el Senado ha resuelto que el desafuero sólo puede votarse cuando existe condena firme contra un senador, es decir una condena que ya no pueda ser apelada. Por esta razón, durante varios años Cristina no puede ser detenida.
- ¿Cómo se presenta el nuevo Congreso, en términos de correlación de fuerzas, para los deseos del Gobierno?
- Macri ganó la elección del segundo año, con porcentajes similares a Alfonsín, Menem y Kirchner, pero sin mayoría en ninguna cámara y con sólo 5 gobernadores. No sólo tiene menos poder parlamentario y territorial que Menem y Kirchner, sino también que Alfonsín. Por esta razón está obligado a negociar. Hacerlo con eficacia, será la clave de su éxito en la segunda parte de este mandato.
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