Apenas pasadas las 18.30, empezó a haber movimiento en la gran cortina blanca que separaba al sector de prensa del VIP.
"Primero las damas", dicen, y así fue: la diputada del Frente Renovador Graciela Camaño tomó la posta y aunque evitó hablar de resultados adelantó algo que con el correr de las horas sería tendencia: "Tenemos la satisfacción de ser una fuerza joven".
Billy Idol, David Bowie, Depeche Mode y Dire Straits sonaban por los más de veinte parlantes distribuidos entre el área de periodistas y el salón principal donde se encontraba ubicado el escenario central. "Esto parece un casamiento", bromeó un camarógrafo; "sólo falta que traigan algo para comer", retrucó otro colega.
El catering tan ponderado en las PASO, al igual que los resultados, se demoraba en llegar. A lo lejos una moza se intentaba hacer paso hacia la mesa con algunas medialunas. La tarea fue inútil, había hambre en el sector y se notó en la primera bandeja que desapareció en segundos, pero también en las sucesivas.
El rojo, negro y amarillo que caracterizó al búnker massista de las Primarias fue remplazado por los colores patrios, y como French y Berutti, los organizadores repartían banderas celestes y blancas al público que esperaba disperso por el lugar.
El agolpamiento de los periodistas por tener declaraciones exclusivas del candidato hizo que desde la barrera de camarógrafos saltará la bronca: "No dejan ver, salgan de ahí que tapan todo". Rápida de reflejos, la encargada de organizar el sector consiguió una tarima para que todos pudieran cumplir con su labor.
Junto al estrado llegaron las empanadas de carne y la pizza, los ánimos se calmaron y la cordialidad volvió a fluir entre (casi) todos los colegas. El ocasional jurado aprobó la comida y lamentó que las opciones para tomar no incluyesen "algo más espirituoso".
El economista Aldo Pignanelli estrenó la flamante tarima para luego ser sucedido por la diputada Mirta Tundis, el sindicalista Facundo Moyano, el vocero de UNA Alberto Fernández y el empresario José de Mendiguren.
El "Vasco" fue el primero, y único, de los referentes que hablaron que recurrió a la ironía para transmitir su mensaje: "Decían que éramos un espacio helado porque nos derretíamos al primer verano, y no lo hicimos".
En el estacionamiento ensayaba la murga Los Elegantes de Rincón junto a los militantes que llegaban luego de realizar las tareas de fiscalización. Las caras de decepción se mezclaban con las de alegría, para ellos la historia era tragicómica, mientras lamentaban el bronce obtenido en las presidenciales celebraban el contundente triunfo del intendente electo de Tigre Julio Zamora.
Por el lado del sector de prensa, el postulante a gobernador bonaerense Felipe Solá fue el último en aparecer, y en una escueta conferencia confirmó que en el transcurso de la semana el frente UNA iba a reunirse en un plenario en Córdoba donde definirían a quién apoyar en el Balotaje.
No fue casual, entonces, que antes de la salida del tigrense desde los altoparlantes se escuchase "Celebration" de Kool & The Gang, "It´s time to come together, it´s up to you, what´s your pleasure. Everyone around the world, come on. It´s a celebration", lo que en criollo sería "Es tiempo de unirnos, esto depende de ti, ¿cuál es tu voluntad? Vamos todos en todo el mundo, es una celebración".
El salón ya estaba colmado, no había globos pero sí una máquina de humo y varios juegos de luces de colores. La puerta principal se abrió, y el hombre más esperado de la noche en el Astillero Milberg irrumpió junto a su esposa, Malena Galmarini, y sus hijos, Milagros y Tomás.
Al aparecer Sergio Massa, la militancia entonó su primera proclama de cara al balotaje: "Un minuto de silencio, para Macri que está muerto". El ex intendente de Tigre sólo se limitó a dejarlos cantar.
Desde el escenario, el líder del Frente Renovador afirmó estar convencido de "tener las mejores propuestas" para la sociedad y prometió que seguirá "peleando para terminar con todo lo que está mal en la Argentina".
Como en la historia de Cenicienta, todo debía terminar antes de que el reloj marcase el inicio de un nuevo día. Lentamente los medios, al igual que los militantes, emprendieron el retorno a casa y el búnker comenzó a ganar tranquilidad.
Massa sabe, como buen futbolero, que ahora tiene la pelota debajo de la suela, los que hasta ayer lo despreciaron necesitan de su 21% para alzarse con una victoria el próximo 22 de noviembre. Y él, al igual que su amigo Riquelme, deberá levantar la cabeza y decidir a quién le da el pase gol.
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