Podrá sonar exagerado y habrá quienes sugieran recordar las derrotas electorales del kirchnerismo, o el duro traspié con la 125. También los cacerolazos más masivos, o la conmoción por la noticia del cáncer de la Presidenta, a la postre falsa alarma. Por no citar directamente la sorpresiva muerte de Néstor Kirchner.
Más allá de las connotaciones de cada uno de esos episodios, fueron todos muy distintos a lo que se vivió esta semana. Porque ninguno mostró al gobierno en una situación de adversidad extrema o al borde del precipicio. Lo del jueves exhibió una dramática sensación de incertidumbre y mostró al equipo económico decididamente sin rumbo. He ahí la gran diferencia con las otras situaciones planteadas.
La ausencia es lo que sigue preservando un poco a Cristina de esta situación apremiante, pero nadie puede imaginar a la Presidenta ajena a esta coyuntura. Muy por el contrario, quien esto escribe la recuerda indignada por la alta cotización del dólar en los primeros meses de 2002, tras la devaluación, recriminándole a Eduardo Duhalde dejar escapar a la moneda norteamericana hasta los 3 pesos. En ese diálogo, Cristina hablaba convencida de la necesidad de una suerte de nueva convertibilidad a $1,5.
Con semejante antecedente sería absurdo pensar que por más recomendación médica que haya, ella se mantenga prescindente en esta situación.
La emergencia exigía medidas urgentes y se trabajó en ellas toda la madrugada. Alrededor de las 4.30 del viernes estaba lista la decisión de anunciar horas después, en la conferencia de prensa habitual del jefe de Gabinete, una flexibilización del cepo cambiario. Que no es una eliminación del mismo, como algunos interpretaron en un primer momento y otros siguieron sugiriendo durante el día, ni tampoco una vuelta al cepo original. Habrá que ver por escrito lo anunciado, pero en principio sólo se permitirá la compra de dólares para atesoramiento, con una retención del 20% que no estaba prevista en los orígenes del cepo anunciado el 28 de octubre de 2011 por el entonces ministro de Economía y vicepresidente de la Nación ya electo, Amado Boudou, cuando anticipó que a partir de entonces la compra de moneda extranjera sería sólo autorizada por la AFIP, al corroborar la capacidad contributiva de las empresas y personas. Por entonces el dólar oficial se vendía a $4,24 y el blue a 20 centavos más: la brecha que hoy desvela al gobierno era entonces de solo el 6%.
El breve anuncio estuvo a cargo de Jorge Capitanich, acompañado por Axel Kicillof, quien al final del encuentro realizó una acotación que mostró su estado de ánimo. Previsiblemente, no habían sido horas apacibles las últimas para el ministro de Economía, que según fuentes consultadas tuvo discusiones a los gritos y al final vio como le torcían el brazo. Ganó el presidente del Banco Central, Juan Carlos Fábrega, partidario de un reacomodamiento del tipo de cambio y, sobre todo, un alza en las tasas que el joven ministro resistía. Esta última era una medida que venían reclamando desde muchos sectores y se hacía indispensable para sostener esta reapertura prevista para el lunes, en la que tendrá un rol clave el jefe de la AFIP, Ricardo Echegaray, con quien se trabajó desde el viernes y todo el fin de semana para darle la mayor prolijidad posible a esta vuelta a la fase 1 del cepo.
El viernes fue un virtual feriado cambiario y si bien no debe esperarse una afluencia masiva de gente en los bancos buscando dólares, el BCRA deberá hacerse cargo de sostener el valor que ha establecido como 'razonable'.
Por lo pronto, el anuncio del viernes volvió a poner al gobierno en el centro de la escena, lugar que necesitaba después del jueves de desorientación, y cambió la agenda financiera que hubiera estado sino marcada por el alza sin techo del día anterior. Pero es una medida que necesita ser complementada por otras para tener éxito. Analistas propios y extraños coincidían en afirmar el viernes que si no hay señales claras respecto de la inflación, el mercado 'se llevará puesto a este nuevo tipo de cambio' y la brecha seguirá ampliándose.
De todos modos, el impacto de la devaluación sobre la inflación será inexorable. Como una suerte de deja vu, los clientes de las casas de electrodomésticos advertían el jueves cómo los productos cambiaban de valor en el camino a las cajas. Ese mismo día y los siguientes, las paginas de Internet de las principales casas fueron levantadas, y en las sucursales los precios desaparecieron. Los valores se daban de forma verbal, nada por escrito.
Mismo panorama se dio en concesionarias de autos y casas de turismo. En un arranque de gataflorismo extremo, hubo quienes extrañaron la ausencia de aquel funcionario que ante esta situación hubiera gastado los teléfonos amenazando a los responsables de esta actitud. Con todo, hacía tiempo que sus gritos no conseguían mayores resultados.
La realidad demanda resultados concretos inmediatos y ya no ganar tiempo como sugerían muchos funcionarios. La zanahoria del Mundial no alcanza en esta coyuntura; al paso que los mercados dieron en los primeros días del año, junio es una eternidad. En rigor, lo que esperaban y siguen aguardando en el equipo económico es llegar a marzo, cuando los exportadores de granos deberían comenzar a liquidar la cosecha y el Central pueda hacerse de divisas. Era una alternativa hipotética: el año pasado también se lo plantearon sin éxito.
Tampoco está garantizado que los exportadores liquiden, si el dólar sigue subiendo. Deseoso de encontrar responsables en otras áreas, el ministro de Economía apuntó al sector cerealero por retener y no liquidar exportaciones: 'Hay miles de silobolsas, por unas 11 millones de toneladas, que equivalen a 4.000 millones de dólares, sin liquidar', dijo. En ese mismo sentido, fuentes del gobierno alertaban estos días sobre la supuesta compra de silobolsas por parte de quienes se propondrían guardar el producto ante una variación permanente del valor de la divisa.
Economistas sugieren que la fluctuación continuará, pues la única manera de estabilizar el precio es liberando totalmente el mercado financiero y turístico, sin intervención del Central y que el dólar encuentre solo su precio. Tanto temor le inspira semejante medida que no es de esperar que este gobierno la adopte. Ya de por sí, el peor de los mundos sigue a un paso. Después de un diciembre de inflación record, en el propio gobierno asumen que el alza de enero es un 4%. Hay quienes afirman haberle escuchado decir a Kicillof que 2014 podría tener una inflación del 40% con crecimiento nulo. Y todavía no se negociaron las paritarias.
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