El bloque que conduce Miguel Pichetto suma hoy 36 integrantes. Perderá algunos en octubre, pero la fractura que se daría por la llegada de Cristina lo reduciría más. Cambiemos podría ser primera minoría.

E s un hecho que a partir del 10 de diciembre Cristina Fernández de Kirchner volverá al lugar donde 22 años atrás comenzó a hacerse conocida: el Senado de la Nación.

Podrá hacerlo ganando las elecciones o perdiendo ante Cambiemos, pero ya tiene una banca asegurada en la Cámara alta.

Claro que no será lo mismo en uno u otro caso. Para el gobierno, claro está, pero muy especialmente para el peronismo, que sin gobernar en los principales distritos del país -salvo Córdoba-, tiene en el Parlamento la principal plataforma desde la cual proyectarse a la hora de buscar diagramar su retorno al poder.

Allí estará Cristina: en una de las dos cámaras, pero proyectando su influencia sobre la otra, donde tendrá fieles seguidores que se contarán por decenas, aunque no sumarán lo suficiente como para conseguir efectos prácticos.

Lo dicho: no es lo mismo que Cristina llegue habiendo ganado la elección, que perdiendo, como hoy por hoy las encuestas anticipan. Pero cualquiera sea el resultado, no será indiferente el efecto que tenga su llegada a la Cámara alta.

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Miembro del kirchnerismo puro y duro, el neuquino Marcelo Fuentes le marcó territorio hace algunas semanas al presidente de la bancada mayoritaria, Miguel Pichetto, al anticiparle que no serán los kirchneristas los que vayan a romper el bloque, advirtiéndole que aquel que se sienta “incómodo” con la presencia de la ex presidenta será el que se tenga que ir.

Pero para curarse en salud, el rionegrino le contestó con suficiente antelación que será Cristina la que deba armar su propio bloque cuando llegue al Senado. “Ha decidido conformar un partido político nuevo y no participar de la vida interna del peronismo”, recordó el jefe del bloque PJ-FpV, que en breve perderá la segunda parte de esa sigla.

Está claro que por más que Pichetto fue un fiel servidor del kirchnerismo durante sus doce años en el poder, tiempo en el cual se mantuvo al frente del bloque, aun conviviendo en el recinto con la propia Cristina en su doble rol de senadora y primera dama, ambos no pueden convivir en un mismo espacio en el tiempo por venir.

Para el rionegrino, es un error que Cristina Kirchner vuelva a un cargo legislativo; para él, los presidentes deben conservar fuera del poder un rol institucional significativo, ser polos de consulta, con influencia pero al margen del día a día partidario. Tampoco ve con buenos ojos que puedan ser condenados y ese es el reaseguro con que cuenta la ex mandataria que tendrá fueros por 6 años a partir de su elección como senadora nacional: como al ya condenado Carlos Menem, Pichetto no piensa soltarle la mano.

Diferente sería en Diputados, ya se verá con De Vido... Pero Cristina va al Senado.

Allí ella será un polo de atracción que provocará que el bloque de Pichetto deje de ser mayoría. Cambiemos, agradecido. Si bien desde el entorno de la ex mandataria se insiste en que ellos no romperán, propios y extraños no ven cómo pueda mantenerse amalgamado ese espacio.

Y cuando suceda, CFK liderará un bloque de una decena de miembros, por lo menos. Estarán con ella las camporistas Ana Almirón (Corrientes), Anabel Fernández Sagasti (Mendoza) y María de los Angeles Sacnun (Santa Fe). También se sumará la santacruceña Ana María Ianni, como así también la rionegrina Silvina García Larraburu, el mencionado Marcelo Fuentes, la chaqueña María Inés Pilatti Vergara y los chubutenses Nancy González y Mario País. A ellos habría que sumar a Jorge Taiana, si Unidad Ciudadana gana en octubre. En ese caso, sugieren algunos peronistas, probablemente ese bloque sea más robusto.

Pero en principio entre diez y once legisladores sería la cantidad que sumaría el cristinismo senatorial. Desde Cambiemos son más escépticos, según confió una encumbrada fuente oficialista que imagina que la eventual fractura podría dejar del lado cristinista a menos miembros. Tal vez no habría que sumar a Mario País, recientemente integrado al Consejo de la Magistratura, menos propenso a la dureza del kirchnerismo y más cercano a Pichetto.

Habría que tener en cuenta también otro dato no menor, simbólico. Y bien se sabe que si a algo son afectos los kirchneristas es a los simbolismos. En las últimas sesiones del Senado, el kirchnerismo puso en sus bancas carteles pidiendo la aparición de Santiago Maldonado. Los colocaron los kirchneristas mencionados -salvo precisamente País-, a los que se sumaron la catamarqueña Inés Blas, el chaqueño Eduardo Aguilar y las riojanas Teresita Luna e Hilda Aguirre. Estas dos últimas dejarán sus bancas en diciembre; Aguilar es bastante independiente, pero Blas bien podría irse con los kirchneristas: su gobernadora, Lucía Corpacci, supo ser muy cercana a Cristina y tiene una relación ríspida con el gobierno.

También puso un cartel la tucumana Beatriz Mirkin, pero su gobernador Juan Manzur -de mala relación con el gobierno nacional- ya está jugando con Juan Manuel Urtubey.

Con semejante diáspora, ¿con qué poder quedaría Pichetto? El bloque que preside -actualmente de 36 miembros- quedaría reducido a 19, a saber: Eduardo Aguilar, José Alperovich, Inés Blas, Julio Catalán Magni, Carlos “Camau” Espínola (si gana la gobernación de Corrientes lo reemplazará Mario Silva), María Teresa González, Pedro Guastavino, Sigrid Kunath, José Mayans, Dalmacio Mera, Beatriz Mirkin, José Ojeda, Omar Perotti y Rodolfo Urtubey. A ellos habrá que sumar al jujeño Guillermo Snopek, la riojana Florencia López y los sanjuaninos José Uñac y Cristina López de Abarca, que son los que sumaría el peronismo en octubre.

La clave de esta reducción del bloque mayoritario es, además de la eventual fractura, la cantidad de escaños que arriesga: 15, de los cuales estaría perdiendo entre 6 y 7.

El interbloque Cambiemos, que actualmente suma 15 escaños -9 radicales y 6 del PRO-, expone apenas 3 bancas que retendrá. Y sumaría otras 7, más dos aliados como el peronista Roberto Basualdo y el puntano Claudio Poggi.

A estos hay que sumar al santafesino Carlos Reutemann, que en 2015 fue candidato de Cambiemos. Así, si se repitieran en octubre los resultados de las PASO, el oficialismo estaría llegando a 21 senadores, más por lo menos 3 aliados permanentes. Y Gladys González, si como las encuestas anticipan Cambiemos logra revertir la ajustada derrota bonaerense. De tal manera, el oficialismo podría estar convirtiéndose a partir de diciembre en la primera minoría en el Senado, algo impensado hace algunos meses.

Para contrarrestar esta situación, Pichetto trabaja en recrear un bloque PJ propiamente dicho, al que quiere sumar a peronistas que hoy tienen bloques pequeños o unipersonales. Casi seguro podría contar con la salteña María Cristina Fiore Viñuales, el cordobés Carlos Caserio y posiblemente los pampeanos Norma Durango y Daniel Lovera, lo que le permitiría llegar a sumar 23 senadores. Tal vez se deba agregar a Carlos Menem, hoy candidato por el PJ en La Rioja, aunque en sus doce años como senador siempre habitó un bloque unipersonal.

Como sea, lo cierto es que el factor Cristina le permite a Cambiemos no solo polarizar en la elección, sino una ruptura muy conveniente del bloque peronista.

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