El Teléfono de la Vida, fundado por el padre Jorge Beigbeder, tiene como lema "un oído atento y un corazón abierto al hermano que sufre". Las vías de comunicación son 4245-3333, de 22 a 6 y 11-3461-5921, disponible las 24 horas.
En un mundo donde el ruido suele tapar el dolor, existe un refugio de silencio y empatía que hoy cumple un hito fundamental. El Teléfono de la Vida, el servicio de voluntariado de la diócesis de Lomas de Zamora, cumple 15 años de existencia, consolidándose como un faro para quienes atraviesan sus horas más oscuras. Nacido en 2011, el servicio fue fruto de la visión del presbítero Jorge Beigbeder. Tras años de misión en Africa, donde experimentó de cerca el sufrimiento de los más vulnerables, el sacerdote regresó con la certeza de que la pobreza más profunda muchas veces no es material, sino emocional. Junto a un equipo inicial de 15 voluntarios, dio vida a esta iniciativa bajo un lema que hoy, 15 años después, resuena con más fuerza que nunca: "Un oído atento y un corazón abierto al hermano que sufre".
La esencia del Teléfono de la Vida es la escucha activa, una práctica que los voluntarios distinguen del simple acto de oír. Inspirados en la figura bíblica del Cirineo, quien ayudó a Jesús a cargar su cruz, los voluntarios ofrecen una presencia que no juzga, sino que acompaña. Para garantizar la calidad de esta ayuda, el equipo no sólo se apoya en la fe. Desde sus inicios, los integrantes reciben una formación técnica y constante supervisada por profesionales de la salud mental. Esta preparación les permite abordar temáticas complejas como la depresión, el duelo y las crisis existenciales con las herramientas necesarias para la contención efectiva.
A lo largo de esta década y media, los testimonios se cuentan por miles, borrando fronteras geográficas y generacionales. "Uno de los relatos más impactantes involucra al propio fundador, quien durante una guardia logró mantener el diálogo con una mujer en riesgo inminente de suicidio, coordinando con la policía y emergencias para llegar a tiempo al domicilio y salvar su vida, recordó Gladys Tolosa, integrante del equipo desde su creación.
Al mismo tiempo, señaló que gracias a la tecnología, el servicio ha llegado incluso a Australia, donde una persona enferma buscó y encontró consuelo cruzando océanos a través de una llamada. Las historias de ancianos que llaman cada noche simplemente para rezar una oración antes de dormir reflejan la lucha contra la soledad, una de las grandes epidemias de este tiempo. El Teléfono de la Vida no distingue credos ni condiciones; su misión es universal. Especialmente durante la noche, cuando la angustia suele agudizarse, el servicio garantiza una escucha atenta.
Las vías de comunicación son 4245-3333, de 22 a 6 y 11-3461-5921, disponible las 24 horas. Al cumplirse el 15to. aniversario, el voluntariado renueva su compromiso de seguir siendo, en palabras de Tolosa, "ese espacio donde el hermano que sufre encuentra siempre un corazón disponible para transformar el dolor en esperanza".