Suplantación de identidad, falsas ventas por internet, engaños por WhatsApp, inversiones fraudulentas y vaciamiento de cuentas bancarias forman parte de las maniobrasmás utilizadas por delincuentes.

La inseguridad ya no se limita a los robos en la vía pública o a las entraderas. Cada vez más delincuentes encuentran en internet y en los teléfonos celulares una herramienta para engañar a sus víctimas y quedarse con su dinero sin necesidad de utilizar armas ni exponerse físicamente.

En el Area Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), las denuncias por estafas digitales se multiplican y afectan a personas de todas las edades: jubilados, trabajadores, comerciantes, estudiantes y profesionales aparecen entre las víctimas de maniobras que evolucionan constantemente y aprovechan tanto los avances tecnológicos como los descuidos cotidianos.

Según datos oficiales, los fraudes online fueron la modalidad más reportada durante el último año, con un promedio cercano a 60 denuncias diarias. Los especialistas advierten que muchos casos ni siquiera llegan a denunciarse, por lo que el número real podría ser considerablemente mayor.

Las organizaciones criminales suelen utilizar perfiles falsos, sitios web apócrifos, llamados telefónicos y aplicaciones de mensajería para obtener información sensible o lograr que las propias víctimas transfieran dinero creyendo que realizan una operación legítima.

Entre las modalidades, la Justicia tiene identificadas las más utilizadas por las bandas:

1. Falsas compras y ventas por internet: Es una de las maniobras más comunes. Los delincuentes se hacen pasar por compradores o vendedores en plataformas de comercio electrónico y redes sociales. En algunos casos envían comprobantes de pago falsos y en otros convencen a la víctima para que realice transferencias o entregue datos bancarios.

2. Suplantación de identidad: A través de información obtenida en redes sociales, bases de datos filtradas o engaños previos, los estafadores utilizan la identidad de otra persona para abrir cuentas, solicitar préstamos o realizar operaciones financieras.

3. Phishing: Consiste en el envío de correos electrónicos, mensajes de texto o enlaces que aparentan pertenecer a bancos, organismos públicos o empresas reconocidas. El objetivo es que la víctima ingrese sus claves y datos personales en páginas falsas.

4. Falsos empleados bancarios: Los delincuentes llaman por teléfono y aseguran pertenecer a una entidad financiera. Con distintos argumentos, intentan obtener contraseñas, códigos de seguridad o acceso remoto al dispositivo de la víctima.

5. Estafas por WhatsApp: El cambio de número de un supuesto familiar, pedidos urgentes de dinero o la clonación de cuentas son algunas de las variantes más habituales. La confianza y la urgencia suelen ser las principales herramientas de los estafadores.

6. Inversiones fraudulentas: Prometen ganancias extraordinarias en plazos muy cortos y sin riesgos aparentes. Muchas veces utilizan imágenes de empresarios famosos o de instituciones reconocidas para generar confianza. Cuando la víctima intenta recuperar el dinero, descubre que todo era una maniobra fraudulenta.

7. Falsos alquileres: Suelen aumentar durante vacaciones, fines de semana largos o eventos masivos. Los delincuentes publican propiedades inexistentes, solicitan una seña para reservarlas y luego desaparecen.

8. Ofertas laborales engañosas: A través de redes sociales o aplicaciones de mensajería prometen empleos con ingresos elevados y requisitos mínimos. En algunos casos solicitan pagos previos para acceder al puesto y en otros buscan obtener información personal o bancaria.

Los especialistas recomiendan desconfiar de los mensajes inesperados, verificar siempre la identidad de quien se comunica, evitar compartir claves o códigos de seguridad y confirmar cualquier operación por canales oficiales.

También aconsejan activar la verificación en dos pasos en aplicaciones y cuentas bancarias, revisar cuidadosamente las direcciones web antes de ingresar datos sensibles y evitar realizar transferencias apresuradas ante pedidos urgentes.

Mientras las modalidades se vuelven cada vez más sofisticadas, las autoridades insisten en que la prevención sigue siendo la principal herramienta para evitar convertirse en una nueva víctima. En un escenario donde una simple llamada, un mensaje o una publicación en redes sociales pueden derivar en la pérdida de los ahorros de toda una vida, la cautela se volvió tan importante como cerrar la puerta de una casa con llave

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