Los investigadores de la Masacre de Florencio Varela se volcaron de lleno sobre la hipótesis de un ataque con sello narco, tras la liberación en las últimas horas de Luis Esteban Weiman, el vigilador privado de 36 años que estaba detenido desde hace un mes por el doble crimen de Sabrina Barrientos y Denise Juárez, de 15 y 17 años.
A poco más de un mes del sangriento hecho que conmocionó al país, la Justicia desestimó las sospechas contra Weiman por no hallar pruebas en su contra. Tanto el Dermotest (barrido electrónico para detectar pólvora) como la rueda de reconocimiento arrojaron resultados negativos.
Ni siquiera las pericias a los teléfonos del acusado confirmaron vínculo con las víctimas en los días previos a lo ocurrido el pasado 11 de febrero a las 6 AM, cuando también resultaron heridas Magalí Pineda y Némesis Núñez, ambas de 16 años.
“Está probado que este hombre y las chicas se conocían, pero eso no significa que él haya sido el que las mató o el que ordenó que las asesinaran. Ahora nos concentramos en una sola línea de investigación”, señalaron fuentes judiciales a El Quilmeño.
Pese al hermetismo con el que se maneja la causa, voceros consultados por este medio confirmaron que la lupa de la Justicia apunta contra “una organización narco que capta menores de edad para comercializar droga dentro y fuera de los boliches”.
Según detallaron, la metodología de esta banda consiste en “seducir” a jóvenes de barrios humildes a las que les ofrecen entradas gratis y también bebidas alcohólicas en las discotecas, a cambio de la venta de cocaína y marihuana.
Para los investigadores, la logística de este perverso sistema era ejecutado por “patovicas” de una empresa de seguridad que brinda servicios para boliches de Florencio Varela, que serían lo encargados de “bajar la droga a segundas líneas”, quienes, por su parte, se encargaban de hacer la entrega de los estupefacientes a las “menores mulas” y, a su vez, pasar a recaudar el dinero una vez por semana.
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