Como para ponerle pimienta a una rivalidad que ya había nacido, en 1931, el primer Boca-River de la era profesional estuvo rodeado por la expectativa que acompañaría siempre al gran clásico del fútbol argentino, pero también se manchó con incidentes. River ganaba 1-0 con gol de Carlos Peucelle y, antes de la media hora de juego, el árbitro Enrique Escola sancionó penal en favor de Boca. Lo pateó Francisco Varallo, lo contuvo a medias Jorge Iribarren y, en el rebote, el delantero xeneize convirtió cuando parecía que el arquero iba a controlar la pelota. Las furiosas protestas de los jugadores millonarios, reclamando falta contra Iribarren, derivaron en las expulsiones de Lago, Belvidares y Bonelli, quienes se negaron a abandonar el terreno de juego y finalmente fueron detenidos. El árbitro se dirigió al vestuario y dijo que había recibido agresiones de los tres. El juego jamás se reanudó, pero el Tribunal de Penas días después decidió dar por terminado el partido, con el resultado 1-0 en favor de Boca.
Hace poco, el reconocido actor confesó que en algún momento pensó en ser sacerdote. "Me interesó la espiritualidad y sus virtudes. Y además, la Iglesia podía financiar parte de mis estudios, entonces pensé que era una buena manera de ayudar económicamente a mis padres", aseguró. Lo cierto es que, a los 13 ingresó a un seminario católico convencido de que allí estaría su destino, pero un año después cambió de idea y volvió al hogar familiar. Más tarde, ya como alumno en la Glen Ridge High School de Nueva Jersey, Tom se convirtió en uno de los integrantes de su equipo de lucha más notables. "Tenía 16 años y un chico me rompió un diente en la primera ronda. Mi labio sangraba pero yo sólo pensaba en ganar", recordó. Una lesión en la rodilla lo alejó definitivamente de los rings y terminó por hacerlo anotar en un curso de teatro. El resto, ya es historia conocida.
El 26 de julio de 1981, Humberto Bravo, delantero de Talleres de Córdoba, anotó sobre la hora el tanto del empate ante Ferro (1 a 1) y, así, la cuenta de minutos sin goles en el arco de Carlos Barisio se detuvo en 1.075 minutos. La marca, que sigue siendo un récord para la Primera División del fútbol argentino, comenzó en un encuentro que Ferro le ganó 2-1 a San Lorenzo, por el Metropolitano. Héctor Scotta convirtió para los azulgranas a los 4 minutos de juego y desde entonces Barisio y sus compañeros del Verde "bajaron la persiana" en diez partidos (siete triunfos y tres empates, siempre sin recibir goles), hasta que Bravo interrumpió la espectacular racha, que continúa cumpliendo años.