Entre otros síntomas, los aislamientos sociales pueden ocasionar estrés postraumático. Por ese motivo, es fundamental crear estrategias para proteger los recursos cognitivos y emocionales de los ciudadanos

Recientemente una de las revistas científicas más prestigiosas del mundo publicó una revisión de más de 3000 trabajos relativos a los efectos sobre la población de otras cuarentenas de la historia próxima. Se estudiaron aislamientos sociales mucho más breves y restringidos a nivel poblacional que el que estamos viviendo, y se observó que algunas personas presentaban, entre otros, síntomas de estrés postraumático.

Se trata de una condición patológica que provoca síntomas incapacitantes. Aquellos que han sufrido un trauma en su vida pueden desarrollar este trastorno incluso años después de ocurrido el mismo. Los traumas son experiencias en las que estuvo en peligro la integridad física o la vida de una persona y que fueron experimentadas con intensa emoción.

Las personas con trastorno de estrés postraumático sufren reminiscencias en las que reviven la situación traumática como si estuviera sucediendo en el presente. Pueden, además, soñar con el trauma de manera reiterada y tener síntomas emocionales como el desapego y la indiferencia, la tristeza e irritabilidad, la evitación y, en ocasiones, fallas en su memoria y otros trastornos cognitivos. También suelen presentar síntomas físicos característicos. Su curso es crónico y su tratamiento es complejo y debe ser realizado por especialistas, ya que requiere de intervenciones farmacológicas y de psicoterapia cognitivo-conductual.

El trastorno de estrés postraumático cursa con alteraciones orgánicas bien definidas que incluyen cambios en la fisiología del sueño, reducción del volumen de áreas cerebrales como el hipocampo y disfunción del sistema neuroendócrino. Estas afecciones explican la variedad de síntomas, la severidad y cronicidad del cuadro como el deterioro significativo en el funcionamiento general de aquellos que lo padecen.

Sabemos que las crisis social, económica y sanitaria ocasionadas por la pandemia del Covid 19 tienen un impacto negativo en el bienestar mental. Para enfrentar esto es necesario reforzar no solo el sistema de salud en general, sino también las redes de contención emocional y de los profesionales de la salud mental. Esto abarca una amplia psicoeducación masiva de la población, para promover pautas de prevención básicas, desarrollar habilidades de regulación emocional en tiempos de crisis, favorecer la detección temprana de dificultades y facilitar el acceso a la ayuda profesional especializada. Es fundamental pensar estrategias para cuidar, hoy más que nunca, los recursos cognitivos y emocionales de todos nuestros ciudadanos.

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