La FIFA recibirá la solicitud argentina para experimentar una innovación que ya utiliza en la novena división: el castigo con 10 minutos fuera de la cancha a aquellos jugadores que protesten de manera desmedida los fallos arbitrales

Las innovaciones para el próximo torneo no son únicamente deportivas: mientras la Superliga pretende alternar con el torneo regular una copa o liguilla y el Ascenso talla su reestructuración, la dirección de arbitraje pretende introducir en el fútbol profesional algo que ensaya en el torneo de Novena división: las exclusiones temporales como forma de castigo. La idea es que los referis, además de las dos tarjetas que tiene como herramientas, cuenten con esta innovación para sancionar las transgresiones al reglamento.

No se sumará una tarjeta: las amarillas y rojas tendrán la misma vigencia y la indicación será verbal y estará acompañada por un movimiento de brazos -como señalan las azafatas en un avión- que indique el banco de suplentes del equipo en cuestión. Deberá quedarse allí mientras dure la exclusión, o en la zona donde los relevos se ejercitan, ya que al cabo de la veda, el técnico decidirá si entra nuevamente o le busca un sustituto.

La dirección de arbitraje argentino elevará a la FIFA el proyecto para que la Liga argentina ponga en práctica las exclusiones temporales en el desarrollo del partido; es decir, que el árbitro saque de la cancha a un jugador durante 10 minutos y que luego pueda volver al campo. Actualmente se aplica en el torneo de novena división ante tres situaciones puntuales, pero en Primera únicamente se empleará para aquellos futbolistas que discutan fallos con vehemencia.

La exclusión temporal no suma amarillas ni cuenta como una roja: esas estadísticas siguen su propio carril.

La Superliga, que aplaudió la innovación en juveniles, apoya la idea que el director arbitral de AFA, Horacio Elizondo, elevará a la International Football Association Board (IFAB) con el propósito que le permitan aplicarlo en Superliga e incluso en el resto de las categorías de Ascenso.

La idea es desalentar la manera en que los futbolistas que desaprueben los fallos arbitrales o hagan comentarios verbales que no valgan una expulsión -directa, o por reiteración de amarilla- y reeducar a los intérpretes del juego. En juveniles se utiliza también en las simulaciones y en acciones que impidan la reanudación del partido con rapidez.

De esa manera, un equipo podrá quedarse por el lapso estipulado -serán 10 minutos- sin la cantidad de jugadores que sean sancionados de ese modo -siempre respetando el mínimo de futbolistas en campo- y el entrenador podrá elegir qué hacer cuando expire el tiempo de sanción: si tiene cambios disponibles podrá suplantarlo o, a menos que lo hayan sacado dos veces, podrá reingresar.

Los números en la Novena son auspiciosos: en 140 partidos aplicaron el nuevo concepto en ocho ocasiones: Racing se lleva la mitad de los casos y el resto se reparten entre chicos de Lanús, Quilmes y Unión.

El pedido de Elizondo no es un absurdo: como todas las innovaciones que la rigidez del fútbol no permite automáticamente, hace tiempo que se vienen pidiendo y experimentando. El ex árbitro italiano Pierluiggi Colina lo solicitó hace tres años para aplicar a aquellos jugadores que lesionen rivales, sin que amerite la expulsión. El ex mundialista consideraba que el infractor debía estar afuera el mismo tiempo que el contrincante lo estaba mientras recibía la atención médica.

Si la FIFA da el visto bueno, esta será la innovación destacada de la próxima temporada, luego del Mundial de Rusia.

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