El sábado 15 de julio, desde las 23, volverá a La Trastienda de San Telmo Medio Rejunte, que no es otro que el cantautor de Piñeyro Leandro Garrandés, quien con su historia tan singular a partir de cantar en los colectivos, hacer recitales luego en el teatro Roma, recorrer la Costa Atlántica varias veces y show capitalinos, fue dando vida a una carrera signada, actualmente, por una onda de chacarera-rock, como él la define.
Garrandés acaba de editar su segundo disco llamado “La Mezcolanza”, que “tiene como invitado a Peteco Carabajal cantando un dka que se llama ‘Vamos que Venimos’”, cuenta el artista.
Dijo, además, que “en el mismo material, incluimos a Cristian Mono Banegas, que canta la chacarera ‘Sin Palabras’”. Asimismo, en el disco nuevo el productor musical es Martín Méndez, el guitarrista de Los Caballeros de la Quema.
De aquellos tiempos del colectivo, recordó: “Para llegar a este momento de mi segunda vez en La Trastienda, hubo un recorrido de muchos años. Tengo 36 y llevo dos décadas con la música. A la gente que me sigue la llamo la inmensa minoría”.
No obstante, su primera función en mayo de 2016 en La Trastienda fue un lleno total, y ahora va por la revancha.
Pero, además, Garrandés tuvo una historia futbolística. “Jugué en inferiores de Huracán, Racing y El Porvenir, me considero un gran jugador frustrado. La música fue para mí un disparador, un cable a tierra, aire fresco. De la cancha fui a tocar a los bondis, mis primeros escenarios”, cuenta.
Sobre sí mismo, el artista señala: “Soy un todo terreno, me adapto a cualquier escenario. Puedo tocar en un festival para 30 mil personas, teloneando a grandes artistas o en una plaza para 3 personas. Es así, no hay chamuyo y hay que saber equilibrar esa energía”.
Leandro Garrandés nació y se crió en Avellaneda. Nieto de un cubano que hacía carteles de neón y de un español trabajador de la mítica Siam, fue mimado por abuelas amas de casa. Ni testigo ni espectador sino protagonista, esa experiencia se transmitió en el relato de sus canciones que reflejan realidades populares.
Su hogar sigue estando en el barrio Piñeyro, junto a sus hijas Ana y Cielo y su compañera Daniela, aunque tiene una segunda casa en Villa Gesell, donde trabajó 12 años como artista de la calle. Todos los pasos lo foguearon como trabajador de la cultura.
Arrancó con la viola y el charango en el año 1997, pero dos años después se sintió firme para subirse a un escenario y a los bondis, donde trabajó 4 años tocando. Leandro recuerda: “La primera vez que me contrataron fue en el 2001, plena crisis, en la puerta de una remisería, y toqué ahí, en avenida Mitre y Beruti, Avellaneda”.
“El primer festival en el que toqué con gran convocatoria era una fiesta popular en Valentín Alsina y me tocaba telonear a Víctor Heredia”, recuerda Medio Rejunte.