La falta de agua potable es el principal motivo, aunque no el único, que mantienen en estado de asamblea permanente a los vecinos de los postergados barrios de San Lucas y Mariano Moreno, de la localidad de Claypole, que desde hace por lo menos dos años que tuvieron que dejar de consumir el agua que extraían de los pozos al comprobarse que no era apta para el consumo humano. La delicada situación incide directamente en la salud de los habitantes de la zona, muchos padecen afecciones dermatológicas, alergias u otras enfermedades. Según varios testimonios, estos casos se han multiplicado en los últimos tiempos. En la empresa estatal AySA (Agua y Saneamientos Argentinos) han presentado varios petitorios solicitando la construcción de una red domiciliaria, teniendo en cuenta que sobre la avenida República -ubicada a tres cuadras del barrio San Lucas- pasa un caño maestro. Los vecinos han hecho lo propio en la Municipalidad de Almirante Brown, pero la comuna sólo se ha limitado a llevarles agua, con un camión cisterna, una vez por semana, lo que es “insuficiente”. Les habían prometido pasar dos veces por semana. Este agua la utilizan sólo para beber y cocinar, y cuando se les acaba deben comprar agua mineral, lo que significa un elevado costo, a razón de 20 pesos por bidón de 20 litros. En 3 años Amelia, integrante de la Unión Vecinal de San Lucas, explicó a este medio que AySA les plantea la posibilidad de que el agua les llegue en el 2013 o 2014 y que las cloacas llegarían en 2018, pero en el barrio saben que las palabras se las lleva el viento, más una vez que pasen las elecciones. Ante la posibilidad de que instalen una canilla comunitaria, la dirigenta barrial opinó que “en nuestro barrio vive mucha gente mayor y se hace difícil estar trasladando bidones todo el tiempo”. “No puede ser que demoren tres años en extender la red, si el caño maestro lo tenemos a tres o cuatro cuadras”, se quejó Irma, otra de las personas que participa habitualmente de las asambleas barriales. En ese sentido, señaló que en el lugar hay muchas familias con varios hijos que “se les hace cuesta arriba tener que comprar dos o tres bidones por semana, y muchas veces terminan tomando el agua de pozo, que ya certificaron que está contaminada”. Saco roto Representantes de estos vecindarios se reunieron con funcionarios del gabinete de Giustozzi para manifestarle su profunda preocupación y la necesidad de que el camión cisterna les acerque más agua. “Nos hemos reunido en el municipio, pero siempre es lo mismo, nos hacen promesas y después todo queda en la nada, parece que nuestros reclamos caen en saco roto”, comentó Amelia. Mientras tanto, señaló que el agua de las bombas les está arruinando las cañerías y los calefones por el alto nivel de sarro que trae. Al margen de su situación familiar, Ramón -del barrio Mariano Moreno- reclama una solución para el comedor Las Palomitas, donde a diario asisten a unas 60 personas. Pavimentos “Creo que en 1810 la gente vivía mejor que nosotros”, sentenció Amelia sin disimular su enojo, quien recordó que le entregó en mano una carta al intendente Darío Giustozzi sobre esta problemática y otras deficiencias del barrio. “Además de reclamarle por el agua, también le pedimos solucionar el ascenso de las napas y mejorar los accesos al barrio, ya que todas las calles son de tierra, que en el invierno son intransitable y ningún remís o ambulancia quiere entrar”, repasó Amelia. La vecina agregó que “necesitamos pavimentos, mejorar los accesos, y que mejoren el drenaje de la zona, ya que después todo se inunda”, y no dejó de mencionar que en la delegación muchas veces les dicen que los camiones “no salen porque no tienen gasoil”.