Un grupo de estudiantes de la carrera de Trabajo Social de la Universidad Nacional de Lanús elaboró un trabajo sobre la inserción laboral de las personas discapacitadas que arrojó, como principal conclusión, que el 90 por ciento de ellas se encuentra desocupadas, pese a la vigencia de una ley nacional que les otorga un cupo para desarrollar tareas en organismos públicas y empresas privadas que han asumido el compromiso de emplearlas. Los alumnos, que realizan sus prácticas en la Escuela de Educación Especial y Centro de Formación Profesional “Redondel”, calificaron como “al menos, insuficientes” a los programas de promoción laboral para discapacitados e indicaron que las cifras del alto grado de desocupación, responden a los estudios realizados por la Comisión Nacional Asesora para la Integración de Personas Discapacitadas. En su ámbito de actuación, los estudiantes universitarios asisten a niños, jóvenes y adultos con discapacidad intelectual con o sin alteraciones, como así también a su familia y entorno social. Desde el establecimiento en que cursan sus prácticas preprofesionales abarcan a los residentes en Avellaneda, Lanús, Lomas de Zamora, Almirante Brown, Esteban Echeverría y San Vicente. “Son manos especiales capaces de trabajar”, consignan en el informe, donde destacan que “luego de completar la escolarización, transitan varias etapas de aprendizaje acompañados por un grupo interdisciplinario, adquieren habilidades técnicas y de conocimientos en talleres, tales como panadería, cocina, carpintería, huerta y granja, confección de indumentaria, entre otras”. El estudio de los alumnos de la UNLA evalúa que “los prejuicios sociales, la poca oferta laboral y la discontinuidad en los programas de empleo con apoyo, conducen habitualmente a un progresivo deterioro y cronificación de las desventajas socio-laborales. En tal sentido, es muy importante destacar que, contando con el respaldo necesario, las personas con discapacidad intelectual pueden integrarse en el mercado laboral”. “El trabajo, desde siempre, ha sido un eje integrador y en especial para las personas con discapacidad, la actividad laboral es muy valiosa, porque se centra en las capacidades y no en la discapacidad. Al mismo tiempo, aumenta las posibilidades de vinculación social y facilita el pasaje de ser niño a ser adulto, genera una mayor autonomía e independencia e incrementa la autoestima”, concluyen.