Autoconvocados, especialistas y guardaparques se oponen al proyecto porque generaría un "daño ambiental irreversible". Critican pasividad de autoridades locales, que estaban al tanto de todo, pero no hicieron nada para frenarlo.

La Reserva Natural Santa Catalina, último pulmón verde que le queda a Lomas de Zamora, podría quedar dividida en dos si termina por concretarse la colocación de un muro de hormigón a ambos lados de la vías del ferrocarril que atraviesan toda el área. Especialistas ambientales afirman que la obra tendría un “impacto negativo irreversible”.

Desde el mes pasado, el gobierno de Martín Insaurralde estaba al tanto de la tarea que Ferrocarriles Argentinos le encargó a Conisa SA, sin embargo nada hizo para frenarla. Fueron vecinos autoconvocados los que pusieron el grito en el cielo para tratar de detener lo que aseguran provocará un daño mayúsculo a la “rica biodiversidad” de esta reserva.

Estos, además, criticaron que la colocación de new jersey de cemento -similares a los que se ven a lo largo del trazado de toda la Línea Roca- se realice sin haberse exigido un estudio de impacto ambiental.

El cerramiento perimetral de la traza Temperley-Haedo, que se levantaría a 10 metros de cada lado de las vías, tendría por objetivo prevenir accidentes, aunque nadie recuerda que se haya producido alguno en el ámbito de la reserva, por donde pasa una formación diesel cada 50 minutos.

Los daños

En un informe elevado a la Secretaría de Medio Ambiente, al que tuvo acceso este medio, los Guardaparques de Santa Catalina, alertaban que “la obra contempla la remoción de vegetación nativa, compactación de suelo y destrucción de la barranca”, donde habitan especies en peligro de extinción.

Por estos motivos, al margen de remarcar que se trata un área natura protegida y patrimonio histórico y cultural de Lomas, sugieren que se pare la obra “hasta que se someta a una evaluación de impacto ambiental”.

Antonio De Magistris, docente investigador de la Facultad de Ciencias Agrarias de Lomas, consideró que éste es “un emprendimiento de impacto negativo irreversible, una muestra de total falta de voluntad, preparación técnica y visión integral en términos ambientales”.

Patricia Muñoa, una de las voces de los autoconvocados, aclaró que la barrera de cemento también ocasionaría serios problemas para el manejo de la reserva o el traslado de los guardaparques y un impacto visual.

La mujer informó que hace 15 días se reunieron con la subsecretaria de Medio Ambiente, Eva Beresán, y el director de la reserva, Daniel Dondero, quienes “nos transmitieron su apoyo, aunque en la práctica no tomaron ninguna medida al respecto”, se quejó.

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