Claramente, sus 13 años ininterrumpidos en dicho país dieron cuenta de que la dirección adoptada en aquel momento fue positiva.
"Me adapté muy bien a mi nueva vida, lo malo es que tuve que dejar de cursar en la Facultad de La Plata, con lo cual, como quería terminar la carrera cada vez que venía a la Argentina a visitar a mi familia o a entrenar con Los Pumas iba a rendir exámenes, hasta que finalmente tuve mi título en 2003", develó dejando al descubierto la misma tenacidad que mostraba dentro del campo de juego para cumplir con su proyecto personal.
Pucará, sus raíces
La última vez que Álvarez había jugado en la entidad de Burzaco antes de su partida a Francia fue en 2001 en un empate a 13 ante San Cirano en Villa Celina. Pero en 2012 tuvo su partido despedida con todos sus amigos en una tarde inolvidable en Pucará, junto a sus hijas, y su esposa, de origen galés.
Primero jugó con el plantel de Pucará, luego con sus compañeros de la camada 74 del elenco de la región y después con algunos ex Pumas y jugadores de otros clubes que forman parte de sus más entrañables amistades del rugby.
"Se me puso la piel de gallina en ese momento. Entrar con mis hijas y que todos los amigos de mi infancia, gente que hacía mil años que no veía, estuvieran allí, fue maravilloso", indicó.
Asimismo, agregó: "Pucará es una parte fundamental de mi vida. Es mi infancia, mis amigos, mi crecimiento, mi formación. Yo fui al colegio San Marcos de Monte Grande y si bien pasé toda mi vida allí porque a los 8 años arranqué a jugar al rugby, mis valores y mi esencia están en Burzaco", aseguró emocionado.
Haciendo historia con Los Pumas
El Flaco estuvo 11 años en el seleccionado nacional. Desde 1998 hasta 2009 se dio el lujo de defender los colores de nuestro país y formó parte de una década dorada para Los Pumas. Disputó los mundiales de Australia 2003 y Francia 2007, en donde el equipo conducido por Marcelo Loffreda logró el histórico tercer puesto con medalla de Bronce. En total jugó 44 partidos de los cuales 9 fueron en citas por la copa del mundo.
"Los Pumas fue un orgullo muy grande en mi vida y lo sigue siendo. Desde chico que quería ponerme la celeste y blanca y a los 24 años con mi primer partido en un Sudamericano cumplí mi sueño. Y estuve muy cerca de ir al Mundial de Irlanda 1999, pero no era el momento. Cuando llegó el 2003 me sentí con más experiencia y disfrute los dos mundiales siguientes. Me dejó amigos el hecho de ser Puma, personas con las que me sigo hablando, con las que nos seguimos juntando cuando podemos", señaló.
El rugby en su vida
"El rugby te deja un montón de enseñanzas del deporte y de la vida. Es compañerismo, camaradería, jugársela por el otro, dar la vida por los colores en equipo. Te da amigos, experiencia, vida sana, desarrolla tu carácter. Si en este momento tuviera la edad de mis hijas, volvería a elegir al rugby sin dudas como mi deporte", cerró.