El robot superó los 6.000 metros de altitud en Ecuador durante una expedición de 16 horas. El proyecto busca probar su desempeño en entornos extremos y apunta ahora a la montaña más alta del mundo.
El robot humanoide "Pemba" alcanzó la cima del volcán Chimborazo, en Ecuador, a 6.190 metros sobre el nivel del mar, en una expedición que duró unas 16 horas y marcó un nuevo avance en el desarrollo de tecnologías para operar en ambientes extremos. Tras completar la prueba, sus desarrolladores anunciaron que el próximo objetivo será intentar llegar a la cumbre del Everest.
El ascenso convirtió a Pemba en uno de los primeros robots humanoides en desenvolverse en condiciones de alta montaña, enfrentando nieve, bajas temperaturas y escasez de oxígeno. Aunque contó con asistencia humana en los sectores más complejos, logró desplazarse de forma autónoma en distintos tramos de la expedición.
Pemba fue desarrollado a partir del modelo comercial Unitree G1, fabricado por la empresa china Unitree Robotics. El proyecto estuvo a cargo del ingeniero Pablo Berlanga y de la firma Geologic Dome, especializada en conservación ambiental y tecnología aplicada a entornos de difícil acceso.
Para adaptarlo a las condiciones extremas del Chimborazo, el equipo incorporó sistemas avanzados de gestión térmica, refuerzos estructurales, mejoras en los algoritmos de navegación e inteligencia artificial optimizada para responder a escenarios de alta complejidad.
Gracias a esas modificaciones, el robot pudo caminar por pendientes de hasta 30 grados y desplazarse de manera autónoma en zonas de riesgo moderado. Además, recopiló información ambiental en tiempo real mediante cámaras, sensores y sistemas de comunicación instalados especialmente para la expedición.
Sin embargo, la autonomía del sistema todavía tiene limitaciones. En los tramos más técnicos y peligrosos del recorrido, los escaladores debieron transportar manualmente al robot para evitar accidentes que pusieran en riesgo tanto al equipo como a la propia máquina.
El Chimborazo representa un desafío significativo para cualquier expedición. La combinación de nieve, terreno irregular, grietas ocultas y baja presión atmosférica afecta tanto el rendimiento humano como el funcionamiento de los equipos electrónicos, lo que convirtió la experiencia en una prueba de campo exigente para la tecnología desarrollada.
El proyecto contó además con la colaboración de Fortune Peaks Expedition, organización que participó en la logística del ascenso. Los desarrolladores sostienen que este tipo de plataformas pueden ser útiles para tareas de monitoreo ambiental, patrullaje y recolección de datos en áreas donde la presencia humana resulta compleja o peligrosa.
Tras el éxito en Ecuador, el equipo ya trabaja en una meta mucho más ambiciosa: convertir a Pemba en el primer robot humanoide en alcanzar la cima del monte Everest, la montaña más alta del planeta con 8.849 metros de altitud.
La iniciativa plantea nuevos desafíos técnicos y también regulatorios. Las autoridades de Nepal analizan actualmente las condiciones bajo las cuales podrían autorizar futuras expediciones robóticas, teniendo en cuenta los riesgos operativos y las dificultades que implicaría asistir o retirar un robot averiado a gran altura.
Los impulsores del proyecto sostienen que un humanoide de estas características podría colaborar en tareas de limpieza de residuos acumulados en las rutas de ascenso al Everest y en el monitoreo de glaciares, actividades que exigen operar en condiciones extremas durante períodos prolongados.
Además de su valor simbólico, una expedición al Everest permitiría evaluar el comportamiento de la plataforma en situaciones límite, obteniendo información sobre consumo energético, resistencia mecánica y desempeño ambiental. Los desarrolladores consideran que los resultados podrían ser aplicados en operaciones de búsqueda y rescate, exploración científica y respuesta ante desastres naturales.
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