Un sistema automatizado administró una cafetería en Estocolmo, pero cometió errores básicos, agotó el presupuesto y dejó productos esenciales fuera de stock.
La prueba de reemplazar tareas humanas con inteligencia artificial en un bar de Suecia dejó más problemas que soluciones. Una startup tecnológica de San Francisco puso a un agente automatizado al frente de una cafetería en Estocolmo y el resultado expuso fuertes limitaciones para gestionar operaciones cotidianas.
La empresa responsable fue Andon Labs, que desarrolló el experimento sobre la base de Gemini. El sistema, apodado “Mona”, debía actuar como encargado del local: organizaba tareas, daba indicaciones al personal y también realizaba pedidos de mercadería.
El objetivo era evaluar el funcionamiento de una IA agéntica, un modelo diseñado para tomar decisiones de manera autónoma y con mínima intervención humana. En este caso, administró un bar dedicado a la venta de café y sándwiches en la capital sueca.
Según detallaron, el programa enviaba mensajes diarios a los empleados mediante una plataforma interna y definía qué productos comprar para mantener el negocio operativo. Sin embargo, la experiencia rápidamente empezó a mostrar fallas.
El principal inconveniente apareció en el manejo del presupuesto. Aunque el local contaba con unos 21 mil dólares previstos para varios meses de actividad, el dinero se consumió en apenas unas semanas por compras consideradas innecesarias.
De acuerdo con un informe citado por Gizmodo, el sistema adquirió cerca de 6 mil servilletas y 3 mil guantes de goma sin justificación operativa. Además, realizó pedidos reiterados de tomates, pese a que ninguno de los productos del menú utilizaba ese ingrediente.
El error más grave llegó cuando faltaron insumos esenciales para trabajar. Entre los olvidos estuvo el pan, un producto indispensable para preparar sándwiches, lo que obligó a los cocineros a retirarlos temporalmente de la carta.
La experiencia volvió a abrir el debate sobre el alcance real de la inteligencia artificial en tareas de gestión. Las dificultades de “Mona” dejaron en evidencia que los modelos actuales todavía necesitan supervisión humana, especialmente en actividades donde el criterio cotidiano y la capacidad de adaptación resultan claves.
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